La progesterona

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La progesterona, la otra gran estrella de las hormonas femeninas, es la materia prima que sirve de base para otras muchas hormonas esteroides. Por lo tanto desempeña un importante papel no sólo en las menstruaciones y en la reproducción, sino también en varias otras funciones del organismo.
Estimula los cambios en órganos que poseen tejidos sensibles a la progesterona. En el útero, la progesterona estimula el endo-metrio para que pueda alojar a un embrión en desarrollo. Si el óvulo no es fecundado, baja el nivel de progesterona y el tejido endometrial se desintegra, eliminándose en forma de menstruación.
La progesterona inicia cambios glandulares en el tejido de las mamas para que los pechos sean capaces de dar leche. También mantiene el control sobre los niveles normales de andrógenos (hormonas masculinas) en la mujer. Una vez que disminuye o se interrumpe la producción de progesterona, como ocurre tras la menopausia, aumentan los niveles de andrógenos. Esto puede explicar el hecho de que a algunas de nosotras, cuando nos hacemos mayores, se nos caiga el pelo de la cabeza, pero misteriosamente nos aparezca vello en la barbilla.
La progesterona tiene otras funciones, entre ellas mejorar el metabolismo de las grasas, incrementar la densidad ósea o mejorar el estado de ánimo, y también ejerce un efecto diurético natural (pérdida de líquidos). Además, ayuda a prevenir los cambios tanto cancerosos como benignos en las mamas al contrarrestar los efectos del estrógeno en ellas, y ejerce un efecto protector similar sobre el endometrio.
Asimismo, la progesterona es la materia prima de las hormonas denominadas corticosteroides, que mantienen estables los niveles de azúcar en la sangre, reducen las inflamaciones y ayudan al organismo a combatir los efectos del estrés.

Estrógenos ambientales

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La información disponible sobre los desagradables estrógenos ambientales es menos clara. Existen infinidad de sustancias químicas que pueden actuar combinándose para producir fuertes efectos estrogénicos. Entre ellas se encuentran pesticidas tales como endosulfán, toxafeno, dieldrín, clordecona, DDT y DDE; los bifeniles policlorados (PCB) que se encuentran en diversos productos tales como el fluido hidráulico, los tubos de neón y los plásticos como el nonilfenol obtenido del poliestireno modificado; el bifenol-A, un plástico que se encuentra en el lacado utilizado para revestir el interior de las latas de conserva; y otros plásticos que se usan como sustitutos de los empastes dentales de amalgama con mercurio.
Se desconocen las implicaciones reales para la salud de estos productos químicos. Por otra parte, continúa la investigación para determinar si existe una relación entre la exposición a los insecticidas y el desarrollo del cáncer. Sin embargo, se han encontrado altos niveles de DDT en el tejido fibroide, y existe la preocupación de que estos productos químicos puedan afectar a la fertilidad masculina y al desarrollo sexual del varón, además de que aumenten el riesgo de cáncer.
La exposición a productos químicos puede tener efectos diversos sobre las personas, dependiendo del tiempo de exposición, del tipo de producto químico y de los sistema de eliminación de su organismo.
Y aunque algunos de estos productos tienen sólo un efecto es-trogénico débil, deben considerarse sospechosos de causar cierto daño, porque muchos de ellos son venenos diseñados para matar plantas o insectos. Baste decir que probablemente sea más seguro mantenerse alejado del DDT y tratar de reducir al mínimo el uso de sustancias químicas en el cuerpo, el hogar y la zona en que nos movemos.

La reserva común de estrógenos

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Alude a la gama de estrógenos de la que dispone el organismo. Son muchos los factores que tienen efectos estrogénicos que pueden proceder de fuera del organismo. Entre ellos se encuentran los fitoestrógenos producidos por las plantas, que son beneficiosos; y los mucho más peligrosos «estrógenos ambientales», que se consumen en forma de hormonas añadidas a los alimentos o en forma de contaminantes alimentarios, como los pesticidas. Todos estos distintos tipos de «estrógenos» pueden llevar a cabo en el organismo actividades similares a las de los estrógenos.
Un efecto estrogénico es el causado por cualquier sustancia que posee la capacidad de conectar con un receptor de estrógeno. Hay que decir, francamente, que los receptores de estrógenos son bastante estúpidos, y que con frecuencia aceptan toda sustancia que tiene una similitud molecular con el estrógeno que fabrica el organismo, aunque se trate de un pesticida químico.
Los receptores pueden verse monopolizados por sustancias parecidas a los estrógenos, procedentes de plantas, que no tienen un efecto estrogénico muy fuerte. Esas sustancias, por así decirlo, han acaparado la mayor parte de las plazas de aparcamiento de los estrógenos, y los estrógenos más fuertes, los fabricados en el interior del organismo, incapaces de encontrar las plazas de aparcamiento que precisan, no pueden acudir a su puesto de trabajo y realizar su labor.
De esta forma, el cuerpo puede estar expuesto a una combinación más débil de estrógenos. Antes de la menopausia, esto puede ayudar a protegernos contra los desórdenes relacionados con el exceso de estrógeno.
Después de la menopausia, cuando ya no producimos tanto estrógeno dentro de nuestro cuerpo porque nuestros ovarios se han «jubilado», los estrógenos de las plantas o las hierbas estro-génicas pueden ayudar a llenar las plazas de aparcamiento vacías y a dar un nuevo impulso a nuestra agotada «reserva común de estrógenos».

La esperanza de vida de los estrógenos

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Todos los meses, después del período, los ovarios empiezan a segregar estrógeno activo denominado estradiol. Una parte del es-tradiol se transforma en un estrógeno más débil llamado estrona, y después tanto el uno como la otra se van juntos de viaje por el torrente sanguíneo para dirigirse a tierras exóticas… Perdón, queremos decir que viajan hasta las células sensibles a los estrógenos para estimular el crecimiento celular. Los ovarios bombean la mayor cantidad de los estrógenos tras la ovulación, e interrumpen dicha producción justo antes del período.
Mientras tanto, el organismo fabrica una segunda fuente de estrona a partir de los andrógenos. Este proceso, mediante el uso de una enzima, se denomina «conversión periférica» o «aromatización». La aromatización tiene lugar en los folículos capilares, en la piel, en el cerebro, en los huesos y la médula ósea, en los músculos y en los tejidos grasos. Alrededor del 25 por ciento de esa conversión se realiza en el músculo, y entre el 10 y el 15 por ciento en la grasa. (Después de la menopausia, casi todo el estrógeno lo producimos a partir de la aromatización, ya que nuestros ovarios se «jubilan».)
El resto de nosotras fabricamos la mayor parte de nuestro estrógeno, en forma de estradiol, en los ovarios. También producimos algo de estrona a partir de los andrógenos, principalmente por aromatización en nuestros tejidos grasos. Si una está más delgada de lo que debería, es posible que no obtenga lo suficiente de esta importante fuente secundaria de estrógeno, y podría desarrollar síntomas menopáusicos como sofocos y sequedad vaginal; o podría ser que dejase de ovular y de menstruar. Si una está obesa, puede que esté fabricando demasiado estrógeno y corra el riesgo de sufrir problemas asociados con el exceso de esta hormona, entre ellos el cáncer de mama y el cáncer de endometrio.
Con el tiempo, todos los diversos estrógenos son conducidos al hígado. Allí se transforman en diferentes sustancias que son menos activas, y se envían al intestino. Una vez en él, parte del estrógeno es expulsado al exterior y el resto se recicla y regresa al torrente sanguíneo.
La totalidad del estrógeno que circula por la sangre termina pasando por los ríñones, donde es excretado con la orina en forma del débil estrógeno llamado estriol. Éste constituye la base de algunas pruebas de embarazo y se puede utilizar para determinar la salud de la placenta durante la gestación. Aunque contribuye a la reserva común de estrógenos, el estriol es unas 80 veces menos potente que el estradiol.

Hormonas estrógeno

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Los ovarios y las glándulas adrenales, situadas encima de los ríñones, fabrican las hormonas esteroides estrógeno, andrógeno y pro-gesterona. Estas hormonas realizan la mayor parte del trabajo duro. En lo referente a las hormonas femeninas, ellas son las estrellas.

El estrógeno

El estrógeno es el principal actor en escena; de hecho, hay tres estrógenos principales: el estradiol, la estrona y el estriol. Guando la gente habla del estrógeno o de los niveles de estrógeno, suele referirse al efecto acumulativo de estas tres hormonas en el organismo, aunque parezca que hay una sola que sale a actuar sin compañía.
Algunos de los efectos del estrógeno resultan más evidentes durante la pubertad. El estrógeno nos aporta un estómago de chica como es debido, y también caderas y pechos. Estimula el crecimiento del músculo uterino y del endometrio. A lo largo de toda la vida, el estrógeno nos ayuda a conservar la estructura de la piel, los vasos sanguíneos y la resistencia de los huesos.
Una de las funciones más importante del estrógeno es la de estimular el aumento del número de células (proliferación) en las que hay receptores de estrógenos, por ejemplo, en el endometrio.

Hormonas: luteinizante, foliculoestimulante y prolactina

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La glándula pituitaria produce gonadotropinas, unas hormonas autoritarias que indican a los ovarios qué deben hacer. Dicho de otro modo, son las hormonas directoras que dicen a las demás cuándo han de representar su papel.

La hormona luteinizante (LH)

Los bajos niveles de estrógeno desencadenan un lento aumento de los niveles de LH durante la fase folicular del ciclo, esto es, cuando se está desarrollando el óvulo. Justo antes de la mitad del ciclo, un súbito incremento del estrógeno, la LH y la FHS causan la ovulación. La LH estimula los ovarios para que produzcan más estrógeno y progesterona. En la fase luteínica, después de la ovulación, los crecientes niveles de progesterona sirven de señal a la glándula pituitaria para que vaya reteniendo la LH. El posterior tira y afloja entre las hormonas termina por desencadenar la menstruación.

La Hormona folitíuloestimulante (FSH)

La hormona foliculoestimulante (FSH) hace exactamente lo que su nombre sugiere: estimular el crecimiento y el desarrollo del folículo ovárico, ese saquito que contiene un óvulo. Los niveles de FSH van aumentando en la fase folicular del ciclo, la de desarrollo del óvulo, lo cual recuerda a las células del folículo que han de bombear un poco más de estrógeno. Todo esto forma parte del círculo de realimentación: el aumento inicial del estrógeno da lugar a la liberación de GnRH y a un fuerte aumento de FSH. Unas horas más tarde, cuando los niveles de estrógeno son aún más altos, cesa la producción de FSH. Justo antes de la menstruación, caen los niveles de estrógeno, lo cual recuerda al hipotálamo que ha de enviar un mensaje hormonal de GnRH a la pituitaria para que empiece a segregar FSH de nuevo.

La prolactina

La prolactina, fabricada por la glándula pituitaria, es la hormona responsable de la leche de las mamas, y de que éstas aumenten de tamaño durante el embarazo. Las mujeres no embarazadas tienen niveles bajos de prolactina que, por lo general, se incrementan ligeramente por la noche, a causa del estrés y durante la fase lu-teínica del ciclo menstrual.

Las hormonas más importantes

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El hipotálamo, una glándula situada en la base del cerebro, produce una serie de hormonas directoras de escena que envían mensajes a otras para indicarles cuándo tienen que intervenir en el ciclo. O, también, dichas hormonas directoras de escena bloquean a las otras hasta que han de participar.

La hormona liberadora de (Jonadotropina (GnRH)

El hipotálamo envía a la cercana glándula pituitaria mensajes en forma de impulsos intermitentes de GnRH a intervalos de entre 60 y 90 minutos.
Los impulsos de GnRH aumentan a mitad del ciclo y alrededor de la menstruación, y recuerdan a la pituitaria cuándo llega el momento de bombear más hormona foliculoestimulante (FSH) y hormona luteinizante (LH).

La dopamina

Si no se está amamantando, el hipotálamo libera suficientes cantidades de una hormona denominada dopamina a fin de controlar la producción de prolactina, la hormona responsable de la secreción láctea.

Conociendo tus hormonas

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A lo largo de todo el mes, un completo conjunto de hormonas se reúnen y llevan a cabo un agitado baile hormonal para que funcione el ciclo menstrual. Está bien, olvidemos la metáfora del bailoteo. Esto ya es bastante complicado, así que seamos más científicas. Las participantes principales de entre las hormonas son todas las llamadas hormonas esteroides ; las fabrica el organismo, empleando como ladrillo químico el colesterol. Son los andrógenos, los estrógenos y las progesteronas.
Algunas hormonas empiezan siendo de un tipo para después transformarse en una serie de hormonas distintas, con el fin de poder llevar a cabo las tareas necesarias para impulsar el desarrollo completo del ciclo menstrual.
Por ejemplo, una hormona empieza siendo una sustancia llamada pregnenolona, luego el organismo la transforma en proges-terona, después pasa a ser testosterona, y por último termina siendo uno de los estrógenos, denominado estradiol. En cada etapa, esta hormona tiene una función especial que desempeñar. Al final del camino cada hormona adquiere una forma diferente, o se convierte en otro tipo de hormona, o se desintegra para ser expulsada del cuerpo.
Antes de llegar al final de su vida, cada hormona tendrá un intrincado papel que desempeñar en el «círculo de realimentación» que dirige el ciclo menstrual un mes tras otro. Pero los actores verdaderamente importantes son el estrógeno y la progesterona.
Para que todo vaya como la seda, las hormonas deben conservar un cierto equilibrio entre ellas, y, al igual que los actores, todas deben entrar y salir de escena en el momento apropiado. (Genial, ahora tenemos una metáfora teatral.) Vamos a echar un vistazo rápido a la participación de cada hormona. No vas a creerte todo lo que hace tu cuerpo cuando no estás mirando.

HORMONAS MUJER

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Con toda libertad puedes saltarte este artículo si no deseas meterte en los detalles de tus complicadas hormonas y prostaglandinas. No te preocupes por nosotras; hemos pasado meses investigando el asunto e intentando explicarlo del modo más simple. Y ninguna de tus cosas femeninas cumpliría con su función sin las hormonas.
Pero, en realidad, no hay necesidad de que lo leas, a no ser que de verdad quieras saber cómo funciona tu organismo o si tienes un problema hormonal. Por otra parte, te ayudará a entender mejor infinidad de problemas, desde los calambres menstruales causados por un desequilibrio de las prostaglandinas hasta la interrupción del período, que puede reanudarse manipulando los niveles hormonales.

Tratamiento al síndrome del shock tóxico

El síndrome del shock tóxico constituye una urgencia médica aguda. Si se desarrollan sus síntomas, hay que retirar inmediatamente el tampón y dirigirse enseguida a un hospital para hacerse una exploración. Éste no es un problema que deba tratarse con la medicina natural. El síndrome del shock tóxico se trata con antibióticos, y probablemente requerirá ingreso hospitalario.
Ten en cuenta que aunque el síndrome del shock tóxico sea muy raro, sus síntomas pueden ser los de otras urgencias médicas. Dicho de otro modo, todo acceso violento de fiebre acompañado de un sarpullido en la piel, etcétera, debe ser examinado de inmediato, aunque no se utilicen tampones.