Deporte para estas mas linda

Consejos:

En resumen, ni deporte porque sí, indiscriminadamente, ni deporte absorbente, tipo competición. Un deporte adecuado a las características morfológicas de cada cual y practicado como distracción o juego, de forma periódica, pero no asidua.

Deporte para la belleza corporal

Deporte
Tiene de bueno el deporte el que, al practicarse en sociedad, requiere menos fuerza de voluntad, resulta más grato e incluso sirve como diversión y estabilizador psíquico. Si el deporte que se practica está bien elegido, esto es, de acuerdo con lo que el cuerpo de cada una necesita, y si la intensidad o frecuencia de la práctica es la adecuada, puede influir muy beneficiosamente en la morfología estética del cuerpo. Desde luego, por muy bien escogido que esté, nunca tendrá la especificidad de un plan de gimnasia. Pero puede resultar más indicado que ésta para ciertos temperamentos.
Ahora bien, aparte de eso, y desde el exclusivo punto de vista de la estética que necesitamos, confesamos nuestras reservas frente al deporte.
¿Quién no contempló alguna vez esos soberbios tipos de luchador de grecorromana que exhiben las campeonas de esto o aquello? Cierto que no todos los deportes son iguales. Tomemos como mejor ejemplo a nuestra querida gimnasia, en la modalidad “deportiva”. De lejos, con poca ropa, la gimnasta puede parecer perfecta. De cerca y vestida, la dureza de la musculatura y lo macizo de la figura nos decepcionarían. Ni siquiera el ballet —que por supuesto no es un deporte— es consecuente con su mítica fama de producir hermosas siluetas. Las siluetas pueden serlo, pero sus poseedoras no. El desarrollo de la musculatura y los relieves tendinosos, que la falta de tejido conjuntivo resalta aún más, están muy lejos de esa suavidad y turgencia de formas que los cánones reclaman.
Estos son casos que denuncian una entrega total al deporte. Para que resulte beneficioso a la estética corporal habrá que considerarlo preferentemente como práctica de ejercicio. Ello exigirá a la deportista una renuncia a la idea de competición y una dedicación más limitada, y a la no deportista el esfuerzo de sustituir el simple paseo por algo de mayor trabajo y constancia. En cuanto a la elección del deporte en sí, salvo casos muy especiales, encontramos como más recomendables los llamados deportes completos y que no sean muy violentos: natación, tenis, esquí…

Gimnasia para la belleza corporal

La práctica de un ejercicio físico, no sólo es’una diversión y un importante estabilizador psíquico, sino que puede influir de forma decisiva en la morfología estética del cuerpo. El pintor francés Edgar Degas supo captar con admirable precisión el grado de tensión de un ejercicio de ballet.

Gimnasia
Como concepto la gimnasia abarca un sentido muy amplio. Se habla de gimnasia formativa, de mantenimiento, correctiva, médica, utilitaria, deportiva, ornamental, etc. Aquí sólo nos referiremos a los tres primeros aspectos, y tan de pasada como la brevedad exige.
La gimnasia formativa es capital en las primeras edades. Puede entonces modificarlo todo y si está bien dirigida permite formar una silueta armónica y proporcionada, de acuerdo con las características de cada biotipo. Cuando estos resultados se han logrado, la gimnasia de mantenimiento, mediante un ejercicio proporcionado a cada edad y circunstancias vitales, conserva las proporciones y mantiene las posibilidades físicas. En cualquier caso en que el cuerpo no posea el equilibrio y armonía deseables, la gimnasia correctiva o postural puede mejorar el estado de músculos y articulaciones y recuperar las degeneraciones de otros tejidos.
El valor de la gimnasia como práctica natural para conseguir una armoniosa simetría de formas es primordial. A su eficacia une la influencia beneficiosa que ejerce sobre todo el organismo, la economía de medios, y la sencillez de la práctica. El hecho de que pueda ejercitarse sin el concurso de nadie es, no obstante, una ventaja y un inconveniente, porque exige una voluntad más firme y no ofrece las gratificaciones de un deporte, pongamos por caso.
Muy pocas nociones pueden bastar para introducir entre nuestros hábitos cotidianos la práctica de la gimnasia. En principio, un profesional competente en educación física debe conocer nuestro estado de salud y nuestra edad. Después es preciso un control periódico de los resultados. Cualquier libro sobre la materia puede proporcionarnos una serie de tablas de ejercicios adecuados al caso. Para este tipo de gimnasia no son apenas necesarios aparatos, a lo sumo, algunos muy elementales, como tensores, rulos o pedales. Eso sí: es precisa mucha constancia y buena técnica, y no olvidar algunos principios elementales cuya inobservancia puede provocar graves contratiempos. Citemos como principales: un orden racional en los ejercicios, empezando por los preparatorios o de calentamiento, para seguir con los de aplicación y terminar con los de recuperación; tiempos progresivos; control del esfuerzo en previsión de dolores musculares o articulatorios, o ante el aumento de la presión sanguínea —las pulsaciones no deben sobrepasar de 150 por minuto aire libre, en lo posible; control de la sudoración; estómago vacío, etc. Todas, observaciones muy simples, fáciles de adquirir y de seguir.

LAS PRÁCTICAS NATURALES BELLEZA CORPORAL

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LAS PRÁCTICAS NATURALES
Veamos, en primer término, la incidencia que pueden tener en nuestra estética corporal los modificantes naturales, susceptibles de ser convertidos por nosotras en prácticas habituales. Decir susceptibles no significa posibles. Constituyen en realidad una aspiración, aunque por lo de “naturales” se suponga que deberían estar al alcance de cualquiera. Pero, que nosotros sepamos, sólo estuvieron y están en mano de muy pocas. Y, ¡paradojas de este mundo!, esas pocas son quienes menos las utilizan a efectos de conseguir lo que en sentido más amplio entendemos por belleza.
Pero, repetimos, una actitud firme y un deseo consecuente pueden conseguir el ejercicio de alguna de estas prácticas que consideramos básicas.
En efecto, la gimnasia, el deporte y el contacto con la naturaleza pueden darnos la atmósfera adecuada para llevar una vida sana.
El “tipo femenino” ideal no se reduce a conseguir unas determinadas proporciones. La maja desnuda de Goya. probablemente pintada a fina/es del s. XVIII, nos ofrece un ejemplo de armonía entre cuerpo, actitud y expresión, factores tan importantes en la belleza como la misma perfección de las proporciones.
La silueta ideal es consecuencia del gusto social, tan sujeto a fluctuaciones y cambios según las épocas y lugares. En este sentido no cabe duda de que la silueta ideal es un producto de la moda. En esta Venus del pintor italiano Lorenzo di Credi podemos observar el ideal de belleza de la sociedad renacentista del s. xvi, tan discrepante, en algunos aspectos, de los actuales gustos estéticos.

LA BELLEZA CORPORAL

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Añadiremos como final que estudiarse con la cinta métrica y la balanza es bueno, así como el esforzarse por mejorar las proporciones, ya que sin un poquito de sacrificio nada se logra. Pero el desesperarse porque no se lleguen a alcanzar las metas soñadas es insensato. Con esta actitud perderíamos un equilibrio psíquico que, repetimos, es capaz de armonizar la imperfección. Y además, desalentadas, imposibilitaríamos la verdadera eficacia de las prácticas de belleza y tratamientos.
A partir de lo dicho, consideraremos la belleza corporal como una aspiración que hemos de tratar de alcanzar mediante prácticas sanas introducidas en nuestros hábitos cotidianos, el refuerzo que proporcionan los tratamientos en el instituto de belleza, y el auxilio de algunos productos de cosmética.
El “tipo femenino” que la sociedad exige ni se produce ni se conserva naturalmente, pero, a poco que sepamos y nos cuidemos, podemos lograr permanecer muy cerca del ideal. ¿En qué consiste ese ideal? Por supuesto no se reduce a llegar a unas medidas o conseguir unas proporciones, aunque, como hemos dicho, esto importe y mucho. Pero el objetivo final no está en lograr un “tipo estándar”, como si se tratase de fabricar esos maniquíes de escayola que pueblan los escaparates.
Partimos de que lo fundamental es formarnos una idea de lo que es armónico y estético, de acuerdo con las costumbres de la época. Y para esto hay que tener en cuenta también otros factores. Diremos más: una mujer con un cuerpo de proporciones perfectas puede no resultar atractiva si entre ese cuerpo y el espíritu que lo anima no existe una auténtica armonía. Por el contrario, notorias imperfecciones físicas, no sólo se disculpan a veces, sino que incluso “caen bien” a quien las padece.
La aspiración, el deseo de ser bella, está motivado por consideraciones sociales e impulsado por una actitud mental sana y confiada. Aquí hablaríamos mejor de “estar” bella y no de serlo. Pero lo anterior sirve también para aquellas felices que lo son suficientemente: no conservar y perder esa belleza por descuido sería peor que no haberla tenido nunca.

LA BELLEZA CORPORAL SILUETA Y ARMONÍA

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SILUETA Y ARMONÍA
La evolución del concepto de belleza a través del tiempo, nos conduce a una conclusión un tanto rotunda: esa silueta ideal, que a nuestro juicio resulta perfecta, no es ni la manifestación de un proceso biológico normal, ni la libre culminación de un desarrollo natural, ni nada de eso. Es, simplemente, un producto de la moda. Claro está que la naturaleza física de una persona puede coincidir con los gustos de la moda, y así hay quien exhibe una silueta perfecta sin apenas cuidarse de ella. Pero ni este caso es frecuente… ¡ni es frecuente que nos digan la verdad cuando nos cuentan un caso como éste!
Lo normal es que quien quiera poseer esa suspirada armonía de formas, tenga que observar o introducir en su vida una serie de prácticas para lograrla y mantenerla. Dentro de esas prácticas, algunas son propias de lo que da en llamarse “vida natural”. Otras son más artificiosas, producto de esa misma civilización que nos obliga hoy en día a sacrificarnos. Pero, eso sí, todas tienen en común un factor muy importante: requieren una actitud de constancia y dedicación, tranquila y exenta de ansia.
A lo largo de este capítulo iremos enumerando todas esas prácticas que, en el segundo de los casos, se convierten en tratamientos. Veremos que existen opciones entre varias posibilidades y también que siempre hay una posibilidad al servicio de quien precisa ayuda. Es decir, que un aspecto antiestético puede mejorarse siempre, que cada edad tiene unos tratamientos específicos, e, incluso, que el pade cimiento de una enfermedad puede soslayarse y no exigir el abandono del cuidado estético. También, de paso, comprobaremos que esa afirmación lapidaria de que la belleza es producto de la moda tiene su porqué.
Ello se debe a que existen una serie de factores en torno a la forma de expresión y manera de reaccionar —modo de andar, gestos corporales, actitudes, etc.—, que son exponente psíquico y no somático, los cuales han de tenerse en cuenta antes de entrar en consideraciones respecto a lo que sobra o falta en las proporciones físicas.

Ejercicios en el periodo de menstruación.

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Existen algunas ideas anticuadas respecto de que las chicas jóvenes no deben hacer deporte, bañarse ni lavarse la cabeza cuando tienen la regla.
Este consejo tiene su origen en la Edad Media, cuando la gente sabía tan poco sobre las mujeres que solía quemarlas por brujas y creía que los períodos se debían a una enfermedad o una herida.
Ya es hora de que mandemos a paseo los consejos de unos cuantos monjes sarnosos y decidamos nosotras mismas qué hacer durante nuestra menstruación.
Sin embargo, hay dos precauciones a tener en cuenta. (Tres, si contamos la de «no fiarse nunca de un hombre que lleve un bigote postizo».)
En primer lugar, coger frío puede agravar el dolor menstrual porque ralentiza la circulación, por lo tanto las nadadoras (¡o las que se lavan la cabeza!) tal vez deban tener cuidado con la temperatura del agua y de los vestuarios.
En segundo lugar, algunas mujeres sufren muchos más dolores si durante la regla practican un ejercicio vigoroso que si lo hacen con moderación.

Los primeros períodos

Para saberlo, lee lo que se explica en el capítulo anterior sobre los períodos normales, y también te servirá para decidir si debes utilizar compresas o tampones. Se incluye, además, una lista de señales de alarma que te indican que debes ir a que te vea el médico.

Diario del período

Llevar un diario menstrual puede resultar de utilidad para conocer nuestro ciclo. ( Igualmente puede servirte un calendario corriente.)
Si llevas un gráfico menstrual, podrás predecir con mayor precisión cuándo vas a desear arrancarle la cabeza a alguien, o romper a llorar, o necesitar tampones o compresas. Pero el ciclo menstrual a menudo es bastante errático. Si estás probando a tomar suplementos (como el aceite de onagra) para el SPM o analgésicos para el dolor menstrual, el hecho de llevar un registro de los datos te indicará cuándo tomar esos productos y si te hacen efecto o no.
No olvides apuntar cuánto te dura el período, sobre todo cuando sea más de una semana.
Los médicos y los terapeutas naturistas pueden servirse de esos datos para hacer un diagnóstico más exacto o prescribirte una receta más adecuada.

Perido desde los 15 hasta los 18 años

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Establecer un ciclo regular. Por lo general, el período se asienta y se hace más regular y predecible… predecible para ti, claro. A esta edad existe una amplísima variación en la regularidad, la intensidad y la frecuencia de los períodos. Es posible que tengas períodos ligeros que duren unos pocos días y puedas quejarte igual que esas chicas tontitas de los anuncios de tampones que no saben decidirse entre darse un baño o escalar el Everest, o puede que tengas un período verdaderamente abundante que dure más de una semana y te quedes tendida en el sofá como si fueras la víctima de un vampiro porque te encuentras anémica. (En un caso así, ve directamente a la parte del libro que trata de los períodos abundantes para averiguar qué puedes hacer al respecto.)

Cambios en las chicas en el periodo

Cambios de humor. La mayoría de las chicas tienen un estado de ánimo de lo más variable cuando les llega la primera regla.
Períodos. Por término medio, los períodos empiezan a la edad de doce años y medio. La ovulación y los períodos van hacién dose gradualmente más regulares durante los primeros 40 ciclos. Para la mayoría de nosotras, tras la primera regla, la ovulación tarda un año en producirse. Incluso después de llevar ya cuatro o cinco años con la regla, hasta una de cada cinco chicas puede no haber empezado a ovular.