
Las orejas prominentes u orejas despegadas, que miran hacia delante, constituyen la malformación más corriente de los pabellones auriculares. Mediante una adecuada corrección quirúrgica se reproducen los relieves auriculares y se consigue que los pabellones “miren” lateralmente.

Las regiones orbitaria y nasal pueden presentar gran variedad de deformidades, que generalmente se asocian, como sucede en los casos de nariz bífida, con el hipertelorismo (separación acentuada de las órbitas), epicanto (repliegues cutáneos en los ángulos internos de los ojos), microftalmía (disminución de la apertura palpebral), ptosis del párpado superior (ausencia de su aparato elevador, por lo que el párpado superior no se puede elevar en su totalidad), etcétera.
Esta tendencia de las malformaciones a asociarse ha hecho que se agrupen en síndromes que han tomado nombre propio cuando su aparición es frecuente.
En el tronco, la glándula mamaria es la que presenta con más frecuencia diversas malformaciones, como es la presencia de varias pequeñas areolas, cuyo tratamiento consiste en su simple extirpación. En el hombre dichas glándulas presentan a veces aumento de tamaño, o ginecomastia, que le puede causar graves problemas psíquicos. Su tratamiento consiste en extirpar la glándula hipertrófica por vía areolar, con lo que la cicatriz quedará totalmente invisible.

Entre las otras malformaciones de los pabellones auriculares las de más frecuente aparición son las llamadas orejas prominentes u orejas despegadas, en las que, por falta de los repliegues naturales de las orejas, éstas “miran” hacia delante. Aumenta así su ángulo con la cabeza, por lo que sobresale mucho de ésta. Puede originar graves problemas psíquicos en los niños que la padecen al ser objeto de burla por parte de sus compañeros de juego o de colegio, comparando sus orejas con las del gracioso Dumbo. En su tratamiento se consigue un aspecto fisiológico adecuado mediante diversas maniobras sobre el cartílago de la oreja que, realizadas por vía posterior, reproducen los relieves auriculares y hacen que el ángulo con la cabeza sea el normal, “mirando”, por lo tanto, lateralmente el pabellón auricular.

Entre las manchas y tumores congénitos se encuentra el nevus pigmentario, formado por manchas negruzcas que a veces sobresalen de la piel. Caso de nevus pigmentario localizado en la pirámide nasal, que causaba grandes perturbaciones psíquicas a la paciente, y resultado tras la extirpación de las manchas y reparación de la zona con injerto cutáneo total.

Quizá la malformación que con más frecuencia trata el cirujano plástico es el labio leporino, deformidad que varía desde una pequeña muesca en el bermellón del labio superior, hasta una hendidura completa en el labio y encía superior, que se continúa en sus formas más graves con hendidura completa del paladar, no existiendo entonces separación entre la boca y la nariz. Puede afectar sólo a un lado de la nariz o a los dos, siendo en este último caso completa la comunicación buconasal. En la reparación de esta deformidad congénita tiene que procurar el cirujano plástico darle al labio y a la nariz una forma lo más natural posible, así como reconstruir el paladar para lograr la separación de la boca y la nariz y que de esta forma tanto la alimentación como el habla sean normales.
En la ausencia del pabellón auricular tenemos que hacer las veces de auténticos artesanos, al valemos para su reconstrucción de un trozo de cartílago extraído de la pared costal que, tallado y modelado, se asemeje lo más posible una vez recubierto de piel a una oreja normal.

Los llamados angiomas cavernosos o tuberosos son auténticas masas de dilataciones venosas que deforman la zona donde se asientan, la cual toma una coloración azulada. Su tratamiento es mucho más complejo que el de los angiomas planos y creemos que se sale de las directrices de este capítulo.
El otro tipo de mancha congénita cutánea de mayor incidencia es el llamado nevus pigmentario o nevus piloso, que consiste en manchas negruzcas que a veces sobresalen de la piel y que presentan en ocasiones gran cantidad de pelos. El tratamiento de estas manchas, también resistentes a las radiaciones, consiste en la extirpación completa de las mismas, cerrando el defecto creado, bien con sutura directa, bien con piel vecina, o bien mediante un injerto libre de piel.
Dentro de las deformidades congénitas enumeradas en el apartado cráneo, cara y cuello, las de más frecuente aparición son el labio leporino, la fisura palatina y las deformidades de pabellones auriculares. Sobre el resto de las malformaciones de este apartado creemos que su descripción y tratamiento haría demasiado complejo este capitulo, por lo que sólo las enumeraremos a fin de dar idea del campo tan complejo que abarca la cirugía plástica.

Pasemos a continuación a describir algunos aspectos de los más frecuentes de estas malformaciones y su tratamiento.
Dentro de los tumores y manchas cutáneas congénitas son de gran trascendencia los angiomas y los nevus. El angioma es un tumor de los vasos sanguíneos, que puede adquirir la apariencia de auténtica tumoración, tomando entonces el adjetivo de cavernoso, o manifestarse como una simple mancha, llamándose entonces angioma plano. Es esta última variedad, esbozada anteriormente, la que más nos interesa por tener el aspecto de una mancha de color vinoso, que no sobresale de la piel y cuya coloración aumenta con los esfuerzos, llanto, gritos, etc. Se han ensayado en su tratamiento varios métodos, desde la radioterapia, cirugía, etc., hasta tatuajes con diferentes colorantes, que asemejan su color al de la piel normal. Sin embargo, al ser resistentes a las radiaciones, éstas sólo producen quemaduras o destrucciones en la piel. El tratamiento más adecuado, según la experiencia actual, consiste en realizar un raspado profundo de la zona de la piel afectada, o dermoabrasión, cubriendo dicha región con un injerto libre de piel, generalmente extraído de la cara interna del brazo por su calidad y coloración favorables, con lo que se consigue la desaparición de la mancha.

Esta forma de SPM va acompañada de depresión y aisla miento, y se cree que guarda relación con una deficiencia relativa de estrógenos. Entre las causas se podría citar una baja producción de estrógenos alrededor de la menopausia, una disminución de las reservas de estrogeno por estar demasiado delgada o comer demasiada fibra, un bloqueo de los receptores de los estrógenos debido a altos niveles de plomo, o un nivel de progesterona que sea relativamente elevado.
Síntomas:
• depresión
• olvidarse de cosas
• llorar • confusión
• insomnio
Tratamiento
• Magnesio: entre 200 y 800 miligramos al día de magnesio elemental en forma de magnesio fosfato, aspartato, orotato o quelato, para disminuir la absorción y la retención del plomo.
• Ingerir estrógenos de plantas .

Para equilibrar las prostaglandinas:
• Suplementos de ácidos grasos esenciales, como el aceite de onagra o el aceite de Trientalis borealis. Una dosis de tres gramos de aceite de onagra contiene 216 miligramos de ácido linoleico y 27 gramos de ácido linoleico gamma (ALG), o el equivalente tomado a diario desde mitad del ciclo hasta el momento del período puede ser de utilidad para regular las prostaglandinas. Para que funcione, necesitarás vitamina B6 y zinc. También se puede modificar la dieta para aumentar la ingesta de ácidos grasos esenciales.
• Vitamina E: entre 100 y 600 Unidades Internacionales (UI) al día también pueden ayudar a equilibrar las prostaglandinas.

Tratamiento Para el azúcar en la sangre:
• Magnesio: entre 200 y 800 miligramos al día de magnesio elemental en forma de magnesio fosfato, aspartato, orotato o quelato.
• Comer poco y con frecuencia.
• Restringir la ingesta de azúcar y sal.
• Incorporar productos amargos en la dieta y en forma de hierbas medicinales para regular el metabolismo del azúcar en la sangre.