Belleza de la mujer

La belleza corporal debe pues cimentarse en una paz profunda del espíritu y conjugar armoniosamente los aspectos temperamentales y las características físicas de la persona. Pero también dijimos que, en primera instancia, lo que la generalidad entiende por belleza y exige como tal se basa en la moda. La moda es sólo un conjunto de consideraciones costumbristas y arbitrarias. No podemos desdeñar a la moda porque esto nos marginaría de la sociedad y nos desequilibraría. Mas tampoco podemos aferramos a esa moda con olvido de nuestra propia personalidad, lo que nos llevaría a caer en una insatisfacción obsesiva, es decir, en el mismo problema psíquico ya apuntado.
Todas las prácticas que hemos descrito como naturales son, además de modificantes físicos, estabilizadores psíquicos, si se practican con mesura y sin ansia. Cuando esas prácticas resultan a nuestro juicio insuficientes, el recurso del instituto de belleza debe concebirse como un “concurso del”. Sólo si el lugar resulta tranquilo y acogedor, si los tratamientos se admiten con fe y como algo placentero y si quien los prescribe adquiere para nosotras el relieve de una persona amiga, en quien se confía y de quien se espera comprensión, cabe esperar unos resultados satisfactorios para todos.

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