Dolor menstrual

Hay legiones de mujeres de aspecto demacrado que van por ahí con una bolsa de agua caliente pegada a la tripa, se arrastran en bata por la casa y se cercioran de que nunca se les acaben los analgésicos; son las que sufren «calambres» o dolor menstrual. «Es que estoy en esos días del mes», van murmurando, y todo el mundo asiente con compasión a su paso, sin sugerirles siquiera que una bata de andar por casa sucia y vieja no es el mejor atuendo para las cuatro de la tarde. ¿Es esto algo que tenemos que soportar obligatoriamente? (El dolor, no la bata.)
Pues no. Aquí, la conclusión es que el dolor es, en fin, una lata. El dolor hace que las personas se sientan cansadas y de mal humor, y que sean, por encima de todo, propensas a acudir a su médico; tal vez se deba a una enfermedad, quizás a un desorden, o puede que a un ligero desequilibrio hormonal que es fácil de solucionar.

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