Importancia del sol en la tierra

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La importancia del sol.
Médicos del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, midieron la concentración en sangre de vitamina D, en el organismo de personas con más de 45 años. Fundamental en diversas funciones del cuerpo humano, la vitamina D no es obtenida a partir de la alimentación, sino que es fabricada por el propio cuerpo cuando la persona toma sol. Pero lo que los especialistas notaron es que la capacidad de producción de dicha vitamina por el organismo puede ir disminuyendo con el tiempo. Según explicaron los médicos, antes de los 40 años, 15 minutos de paseo al aire libre ya son suficientes para que la persona obtenga su cuota de la vitamina D. Pero, superada esa edad, la duración de los paseos bajo el sol debe aumentar drásticamente.

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Hidratante para la cara

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Hidratante postsolar.
Para garantizar no solamente la salud de la piel, sino también la belleza de la misma, es fundamental el uso de hidratantes postsolares, que permiten reponer el líquido perdido tras la exposición a los rayos ultravioletas, al cloro y la sal. Los especialistas recomiendan, además, utilizar productos que contengan en su formulación colágenos y elastina, para que la piel se mantenga suave y homogénea. Y, por supuesto, cada vez que son consultados, los médicos aconsejan tener en cuenta el horario indicado para tomar sol -de 8 a 11 de la mañana y de 16 en adelante- y el uso de protectores.

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El primer parto

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Cuanto más tarde se concrete la maternidad, una vida más larga. Enunciación extraña pero aparentemente justificada, al menos, para los investigadores que se dedicaron a examinar 1200 años de la genealogía real de Gran Bretaña. En la cual llama la atención la tendencia de las damas a tener menos hijos y experimentar el primer parto a edades más avanzadas que las mujeres no cortesanas. Tendencia histórica que confirma la antigua sospecha de que la fertilidad y la longevidad está relacionadas, aunque las razón de tal relación deba descifrarse. Para algunos especialistas simplemente se trata de que dar a luz y criar una familia implican una.carga psíquica que acorta las expectativas de vida femenina. Claro que aún nadie se anima a asegurar que únicamente con retrasar la hora de ser madres las señoras se aseguran una existencia más larga. No obstante, los especialistas que siguieron la cronología aristocrática, encontraron bases genéticas para la ecuación fer-tilidad-logeyidad. Estas tienen que ver con la enorme cantidad de energías que deben invertirse para que el cuerpo resista una extensa vida, un verdadero gasto que para costearse recurre a todos los recursos disponibles por supuesto también los reservados para la fertilidad.

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Ciclo de la vida de la familia

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Ciclo vital de la familia tipo.
Según los especialistas para empezar a ser dos, se debe primero resolver armoniosamente la crisis de ser uno. Habiendo logrado una identidad o no, cuando se forma una familia, distintas crisis esperan en la puerta de la vida. El siguiente proceso se ve acelerado en el caso de las parejas con un sólo hijo:
1. Matrimonio: formar una pareja pasa a ser un aspecto fundamental en la vida de cualquier persona. Además no es lo mismo el noviazgo que la convivencia efectiva. Aquí se presentan las primeras cuestiones cotidianas que suelen generar choques.
2. Nacimiento del primer hijo: pasar de ser dos a ser tres es una instancia difícil en la vida de la pareja. Comienza a jugar el rol de padre-madre y las expectativas que éste genera.
3. Adolescencia del hijo: lentamente comienza la independencia del hijo; los padres también comienzan a modificar su rol y se desubican.
4. El hijo construye su propio hogar: este es el disparador del síndrome del nido vacio: la familia experimenta por primera vez la pérdida definitiva de uno de sus miembros, y nuevamente se pasa de ser tres a ser dos.
5. Abuelitud: el término es usado por los especialistas para describir la etapa en que los padres asumen un nuevo rol, e integrarán otro miembro y otras expectativas al núcleo familiar.
6. Vejez: generalmente se siente con el retiro laboral, y se deberá enfrentar la vida desde otro lado y con otro ritmo.

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¿Casarme yo?

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¿Casarme yo?
Es importante, para entender la problemática del nido vacío, es que el fenómeno está apareciendo cada vez más tarde en el seno de las familias. Cada vez son más las parejas que postergan su casamiento: tienen noviazgos muy largos y se van de su casa, a los 30 años o más. En otros casos, cuando ni siquiera piensan en casarse, tampoco piensan en vivir solos. Es decir, que postergan su adolescencia y siguen viviendo bajo el ala protectora de los padres unos años más. Para los especialistas este fenómeno está ligado a un tema de factor económico-social. Es decir, por un lado, a muchos jóvenes les cuesta consegir una entrada de dinero lo suficientemente rentable como para poder formar su propio hogar. Mientras que por otro lado, también esto pasa por un tema de comodidad. Algunos deciden alargar sus carreras universitarias, ya que saben que sus padres los seguirán manteniendo mientras estudien. Además se niegan a perder la comodidad que implica el calor del hogar: la comida caliente cuando vuelven, la ropa planchada y por qué no el cuarto ordenado y la cama hecha. Es por ello que el SNV muchas veces se ve retardado ya que los padres “retienen ” a sus hijos por un tiempo más. A veces sin darse cuente, los padres continúan tratando al hijo adulto como si fuera un adolescente, porque sigue bajo el mismo techo. En este sentido, los especialistas afirman que el límite se torna bastante difuso. Sin embargo, aunque muchos coinciden en afirmar que en Argentina aún se está bastante lejos de este perfil social, los indicadores de nupcialidad son fieles a este tendencia. De una tasa de 5.9 por ciento en 1980 se pasó a 4.3 por ciento en 1995. Pero, a pesar de que la cantidad de matrimonios celebrados desciendan, el SNV no desaparece. Llegado el momento, los padres deberán sufrir el abandono del hogar de hijo. Es decir que tarde o temprano, y bajo la forma que fuere, los hijos en algún momento se van de su casa y el nido queda vacío. Lo mejor es aceptar que ese abandono no es una pérdida sino que es el natural desarrollo de aquella persona que aún sigue creciendo: el hijo.
La clave está en tratar de volcar toda ese energía que se lleva dentro, en otras tareas que a lo largo de la vida hayan quedado pendientes. Tampoco se debe tomar esto de manera maníaca para tapar la angustia. Es decir, no sirve de nada lanzarse a hacer mil tareas a la vez para poder superar la crisis. Pero volcar la fuerza en actividades que siempre se han querido desarrollar y no se ha podido por la falta de tiempo, es una forma nueva de plantearse la vida y continuar con el crecimiento de la persona. Fallace explica que “escoman que algunas mujeres retomen carreras universitarias inconclusas o decidan volver a trabajar, si es que habían dejado de hacerlo. Esto es muy positivo, ya que sirve para reencontrarse con antiguos intereses que llenan su existencia de manera útil”.
Sin embargo, no hay que dejar de entender que todas las personas a lo largo de su vida experimentan diferentes cambios. Por supuesto que en la familia estas crisis repercuten de distinta manera. Enfrentarlas y superarlas es parte del desarrollo normal de cada persona. Casarse, tener un hijo, su adolescencia, el casamiento de los hijos, y luego ser abuelos, son distintas instancias que naturalmente se van desarrollando a lo largo del ciclo vital.
Pero, a pesar de lo “natural” que este desarrollo parezca, no deja de ser doloroso para quienes lo están atravesando. Por ello, es bueno poder aceptar lo que sucede y obviamente tratar de superarlo de la mejor forma.
Al fin solos:
El tema no termina aquí, porque no solamente se deberá enfrentar la falta de un integrante en la familia, el duelo y todo lo que implica esta ausencia, sino que además, la pareja volverá a estar sola. La transición, el volver a ser una pareja que ya no espera a los hijos(sino vanamente a su regreso) muchas veces depara grandes sorpresas: el reencontrarse cara a cara con la otra persona, muchas veces con cosas por resolver. Si habían quedado conflictos pendientes antes del nacimiento de los hijos, ahora se podrán plantear desde otro punto. Mucha agua ha corrido bajo el puente: la vida dedicada a la crianza de los hijos y a la formación de una familia, hace que la pareja -madura- ya no sea la misma, sin su objetivo principal. Por ello, explica la licenciada Fallace, “esta etapa es para los padres un momento crítico en sus vidas, su desarrollo depende de como se hayan resuelto las crisis anteriores de la vida”.
Lo principal es tomarlo con tranquilidad y hacer que el encuentro con el otro sea un momento positivo para ambos. Para muchos llega el momento de disfrutar de aquellos placeres que con el tiempo fueron postergados.
Quizá ésta es la recompensa que espera a los que, una mañana cualquiera, descubren que el nido quedó vacío.

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Mama me voy de casa

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Me voy de casa.
Esta frase, que más de una vez puede haberle caído como un balde de agua fría a cualquier madre distraída, es una etapa . más en la vida de cualquier familia y se debe aceptar y enfrentar como tal. No se puede pretender que los hijos vivan bajo el techo paterno por el resto de su vida -aunque es un fenómeno que cada vez se retarda más pero, también aceptar que una extraña la futura nuera pasará a ser parte de la familia y por qué no, formará la suya propia con el hijo, es una novedad que dependiendo de como haya sido la relación y la crianza de los hijos muchas veces cuesta comprender.
Desde ya, la idea de perder al hijo genera un miedo natural que subcon-cientemente se encuentra presente en la madre desde el momento mismo del nacimiento; y cuando de alguna manera tal como ocurre cuando toma la decisión de abandonar el núcleo familiar e irse a vivir solo- el miedo se dispara y genera el cuadro de duelo. Cuando el alejamiento de los hijos obedece a que quieren vivir en pareja, se genera en los padres una sensación levemente distinta, que si se fuesen a vivir solos: seguramente es mucho más gratificante la idea de “ganar” un hijo o una hija , integrando una nueva persona a la familia. Sin embargo, la angustia sobreviene igual, aunque más tarde.
Aunque ambos padres hayan participado activamente en la crianza de los hijos, la mujer es quien más sufre está crisis. “Algunas madres canalizan toda su potencia en la crianza de los hijos. Es decir que ponen toda su energía en ellos”, explica la Licenciada Falla-ce, quien asegura que una de las maneras más eficaces para superar esta etapa “es tratar de recuperar esa energía y volcarla en otros ámbitos”. Por ejemplo muchas mujeres sienten que la principal función de su vida ya ha terminado, y esto no es cierto, por que las preocupaciones por los hijos seguirán siendo de un interés dominante.

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Consejos para una buena relacion familiar

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Consejos básicos familiares:
• En primer lugar, no hay que pensar en pérdidas, sino que es el desarrollo natural de la vida del hijo y que tarde o temprano debe establecer su propia familia.
• En el caso de que el hijo se haya casado, los padres deberán tratar de integrarse con la otra familia y pensar que han “ganado” una nueva hija -nuera-o hijo -yerno-; la integración permite elaborar rápidamente el duelo.
• Retomar tareas que hayan quedado postergadas con la crianza de los hijos: estudios, trabajo, etc. Es una manera positiva de aceptar el cambio. Pero siempre y cuando no se hagan de manera compulsiva para tratar de tapar la angustia.
• Resolver naturalmente el duelo es una etapa dolorosa pero necesaria, si esta se prolongara demasiado, lo aconsejable es consultar con un especialista.
• Canalizar la energía utilizada en el cuidado de los hijos en otras áreas, como tareas comunitarias o trabajos sociales.
• Hacer del reencuentro con la pareja un momento de crecimiento para ambos.
• Aceptar que los hijos no son propiedad privada, sino que son seres autónomos y tienen el derecho y la independencia para desarrollar su vida,

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Consejos familiares

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Cuando el nido queda vacío.
La decisión de un hijo de abandonar el hogar de sus padres, para formar uno propio, da origen a una situación que los psicólogos aconsejan enfrentar con mucha cautela y tranquilidad.
Al día siguiente del casamiento de Pablo, su mamá Susana y su papá Osear, experimentaron una nueva sensación. Esa noche la cena fue diferente, en la mesa ya no eran tres. Esta escena cotidiana se repite alguna vez en casi todas las familias y se conoce -según los especialistas- como el Síndrome del Nido Vacío (SNV). No sólo ocurre con el casamiento de los hijos, sino también cuando el hijo o hija determinan por distintas circunstancias irse a vivir solos. Los padres atraviesan lo que en la psicología familiar denominan como la cuarta crisis del ciclo vital. En otras palabras, aceptar que el tiempo ha pasado y resignar el rol de padre-madre. Sin embargo, y aunque la aceptación del crecimiento de los hijos deba ser tomada como algo natural, muchas veces los padres sufren una depresión al tener que enfrentar el nuevo panorama familiar.
Aceptar que Pablo ya no volverá a dormir a su cuarto todas las noches, no es lo que más traumatiza a su mamá. El problema es un poco más complejo, y según lo explica la Licenciada Isabel Fallace, “la crisis de los padres específicamente es tratar de superar el duelo, que implica la pérdida del hijo”.
Y esto genera una situación a la que se puede arribar por infinidad de caminos, y es lo que se conoce como duelo. En el sentido psicológico, el término hace referencia al conjunto de sensaciones que genera una pérdida, tanto de una persona física como de una situación de anterior estabilidad que, abrupta e involuntariamente, cambia de manera profunda.
La psicología reconoce dos tipos de duelo: el duelo normal, que es aquel que se resuelve naturalmente y el duelo patológico, que ocurre cuando al tratar de superarlo se cae en una profunda depresión. “Generalmente cuando los padres establecieron una relación simbiótica con los hijos, es decir, cuando todo el crecimiento de su persona lo realizaron a través de ellos, superar la pérdida es algo mucho más traumático. ” Fallace, opina además, que son muchos los padres que inconscientemente proyectan en sus hijos las cosas que ellos no pudieron realizar, y tratan de vivir su vida a través de ellos. En estos casos superar el duelo se torna mucho más conflictivo y a veces requiere de la ayuda de un profesional.

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