
¿Casarme yo?
Es importante, para entender la problemática del nido vacío, es que el fenómeno está apareciendo cada vez más tarde en el seno de las familias. Cada vez son más las parejas que postergan su casamiento: tienen noviazgos muy largos y se van de su casa, a los 30 años o más. En otros casos, cuando ni siquiera piensan en casarse, tampoco piensan en vivir solos. Es decir, que postergan su adolescencia y siguen viviendo bajo el ala protectora de los padres unos años más. Para los especialistas este fenómeno está ligado a un tema de factor económico-social. Es decir, por un lado, a muchos jóvenes les cuesta consegir una entrada de dinero lo suficientemente rentable como para poder formar su propio hogar. Mientras que por otro lado, también esto pasa por un tema de comodidad. Algunos deciden alargar sus carreras universitarias, ya que saben que sus padres los seguirán manteniendo mientras estudien. Además se niegan a perder la comodidad que implica el calor del hogar: la comida caliente cuando vuelven, la ropa planchada y por qué no el cuarto ordenado y la cama hecha. Es por ello que el SNV muchas veces se ve retardado ya que los padres “retienen ” a sus hijos por un tiempo más. A veces sin darse cuente, los padres continúan tratando al hijo adulto como si fuera un adolescente, porque sigue bajo el mismo techo. En este sentido, los especialistas afirman que el límite se torna bastante difuso. Sin embargo, aunque muchos coinciden en afirmar que en Argentina aún se está bastante lejos de este perfil social, los indicadores de nupcialidad son fieles a este tendencia. De una tasa de 5.9 por ciento en 1980 se pasó a 4.3 por ciento en 1995. Pero, a pesar de que la cantidad de matrimonios celebrados desciendan, el SNV no desaparece. Llegado el momento, los padres deberán sufrir el abandono del hogar de hijo. Es decir que tarde o temprano, y bajo la forma que fuere, los hijos en algún momento se van de su casa y el nido queda vacío. Lo mejor es aceptar que ese abandono no es una pérdida sino que es el natural desarrollo de aquella persona que aún sigue creciendo: el hijo.
La clave está en tratar de volcar toda ese energía que se lleva dentro, en otras tareas que a lo largo de la vida hayan quedado pendientes. Tampoco se debe tomar esto de manera maníaca para tapar la angustia. Es decir, no sirve de nada lanzarse a hacer mil tareas a la vez para poder superar la crisis. Pero volcar la fuerza en actividades que siempre se han querido desarrollar y no se ha podido por la falta de tiempo, es una forma nueva de plantearse la vida y continuar con el crecimiento de la persona. Fallace explica que “escoman que algunas mujeres retomen carreras universitarias inconclusas o decidan volver a trabajar, si es que habían dejado de hacerlo. Esto es muy positivo, ya que sirve para reencontrarse con antiguos intereses que llenan su existencia de manera útil”.
Sin embargo, no hay que dejar de entender que todas las personas a lo largo de su vida experimentan diferentes cambios. Por supuesto que en la familia estas crisis repercuten de distinta manera. Enfrentarlas y superarlas es parte del desarrollo normal de cada persona. Casarse, tener un hijo, su adolescencia, el casamiento de los hijos, y luego ser abuelos, son distintas instancias que naturalmente se van desarrollando a lo largo del ciclo vital.
Pero, a pesar de lo “natural” que este desarrollo parezca, no deja de ser doloroso para quienes lo están atravesando. Por ello, es bueno poder aceptar lo que sucede y obviamente tratar de superarlo de la mejor forma.
Al fin solos:
El tema no termina aquí, porque no solamente se deberá enfrentar la falta de un integrante en la familia, el duelo y todo lo que implica esta ausencia, sino que además, la pareja volverá a estar sola. La transición, el volver a ser una pareja que ya no espera a los hijos(sino vanamente a su regreso) muchas veces depara grandes sorpresas: el reencontrarse cara a cara con la otra persona, muchas veces con cosas por resolver. Si habían quedado conflictos pendientes antes del nacimiento de los hijos, ahora se podrán plantear desde otro punto. Mucha agua ha corrido bajo el puente: la vida dedicada a la crianza de los hijos y a la formación de una familia, hace que la pareja -madura- ya no sea la misma, sin su objetivo principal. Por ello, explica la licenciada Fallace, “esta etapa es para los padres un momento crítico en sus vidas, su desarrollo depende de como se hayan resuelto las crisis anteriores de la vida”.
Lo principal es tomarlo con tranquilidad y hacer que el encuentro con el otro sea un momento positivo para ambos. Para muchos llega el momento de disfrutar de aquellos placeres que con el tiempo fueron postergados.
Quizá ésta es la recompensa que espera a los que, una mañana cualquiera, descubren que el nido quedó vacío.