Los estímulos más importantes
Las razones por las cuales uno pone a “funcionar” su “máquina” mental pueden ser de lo más diversas y variadas. Entre ellas, las cuestiones o “estímulos” más importantes están relacionados, entre otros, con:
• La salud. No hay dolor ni molestia que no sea el presagio de una enfermedad incurable. Estas personas viven haciéndose chequeos y estudios sofisticados hasta “porfin” encontrar esa enfermedad tan “buscada”. “Esta actitud es bastante peligrosa, porque con el tiempo puede desencadenar alguna enfermedad específica. Además, en distintos estados clínicos, el estado de ánimo y la buena predisposición son fundamentales para curarse más rápido y mantener elevado el sistema inmunológico”, explica Goldberg. Hay que tener en cuenta que existe una gran cantidad de enfermedades psicosomáticas que tiene su origen en la predisposición, el equilibrio emocional, el estado de ánimo o nervioso de la persona.
• El trabajo. El caso más típico es el temor a un inminente despido. A partir de allí, una inmensa cantidad de datos, algunos más acertados que otros, son usados para confirmar esta hipótesis. Por ejemplo, si el jefe lo llamó para hablar, no le ha prestado demasiada atención en los últimos tiempos, se han corrido rumores sobre la situación financiera de la empresa, su compañero tiene un “arreglo” especial con los directivos o ha tenido en los últimos tiempos casos cercanos de despidos; ya puede poner en marcha la película sobre su futura desocupación. Los hombres tradicio-nalmente han sido los más “preocupados” y proclives a caer en este miedo particular. Aunque, en los últimos tiempos, aquellas mujeres cuyos sueldos son el único o el principal sostén del hogar también han pasado a ser frecuentes “practicantes” de esta actitud.
• Los hijos. Por lo general, las mamas elaboran este tipo de pensamientos sobre la suerte o las posibles fatalidades que le pudieran ocurrir a los hijos en su ausencia. Así, el retraso de 15 minutos puede significar un accidente o predecir que los chicos han tenido un problema en la calle. Prefieren que no vayan solos “ni a la esquina” y si no queda otra, les ruegan que llamen apenas lleguen y que avisen la hora de su regreso, si es posible con exactitud de minutos y segundos. Los miedos propios terminan por “transportarse” a los hijos quienes se educan sin desarrollar su propia autonomía, independencia ni la capacidad para hacerse valer por sí mismos.
• La pareja. Si el otro no llama a la hora acostumbrada, pasa por alto algún llamado o está algo más distante que de costumbre, ya es motivo suficiente para comenzar a “elaborar” una completa historia sobre el fin de la relación. “La persona se pasa todo el día diciéndole al otro que ya no la quiere y no hace nada por mejorar el vínculo entre los dos. Esto termina estropeando la relación “, explica la Lic. Golberg.
