La vagina

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La vagina está rodeada por la vulva. Se encuentra situada entre el recto (la abertura procedente del intestino) y la uretra (la procedente de la vejiga). Es el paso de la sangre menstrual desde el útero hacia el exterior. El tejido de la vagina, aunque es fundamentalmente muscular, también puede estirarse hasta alcanzar muchas veces su tamaño normal durante el parto y después volver a la normalidad.
La parte superior de la vagina rodea el cérvix, y los recovecos que se forman entre la pared de la vagina y el cérvix se denominan fornices.

El cérvix

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El tercio inferior del útero es el cérvix tubular, aproximadamente la mitad del cual continúa en la vagina, como si fuera una diminuta rosquilla de color rosado con un pequeño orificio. Tiene más o menos el tamaño de una moneda de 20 centavos de dólar.
El cérvix se denomina a veces «el cuello del útero». Puede verse afectado por cambios celulares, algunos de los cuales pueden transformarse en cáncer si no se tratan. Para diagnosticar cualquier cambio en las células se emplean las citologías, explicadas en el capítulo «Análisis», en el apartado «El enfoque médico». El cérvix también puede infectarse o inflamarse, y en ocasiones puede sangrar.
La abertura cervical normalmente se encuentra «cerrada» excepto cuando se estira en el momento del parto, pero dicha abertura permite que salga la sangre y que penetre el esperma. Si una mujer no ha parido nunca su abertura cervical es redonda, pero después de un parto adquiere una forma aplanada (como todas nosotras).

El saco de Douglas

El saco de Douglas es un espacio potencial que hay entre el recto y la parte posterior de la pared vaginal. (¿Quiénes eran esos tipos que decidieron poner sus nombres a partes del cuerpo de las mujeres? No sabemos quién fue Douglas, pero la palabra resultaría mucho más femenina si se llamara «el bolsito de Lolita», o algo así.) El saco de Douglas está revestido por el peritoneo. Es un lugar común para una endometriosis. Si se sufre una infección pélvica, el material infectado suele acumularse ahí.

El peritoneo

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Los ovarios y toda la cavidad pélvica están cubiertos por una membrana llamada peritoneo. Imagínatelo como dos capas de tejido adherente dispuestas sobre todas las superficies externas de todos los órganos. En el caso de producirse una infección o una hemorragia en esa zona, el peritoneo se irrita y causa dolor.

El interior de los ovarios

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Las estructuras microscópicas de cada ovario están cambiando constantemente. En todo momento durante el ciclo menstrual, existe una multitud de minúsculos óvulos, unos listos para ser expulsados hacia las trompas, otros preparándose, otros empezando y otros desintegrándose. Técnicamente hablando, el óvulo en desarrollo se llama folículo y el maduro se llama ovum. Un ovum tiene aproximadamente una séptima parte del tamaño de un punto. El plural de la palabra es ova.
El momento concreto en el que un óvulo comienza a madurar se desconoce. Hay quien opina que el óvulo empieza a desarrollarse varios ciclos antes de aquel en el que ovula (comienza su viaje). Otros creen que los óvulos empiezan a desarrollarse durante cambios obvios habidos en el ciclo anterior.
Varios de los folículos primordiales (óvulos en espera) comienzan a desarrollarse juntos, pero antes de que llegue el momento de la ovulación hay uno que se ha convertido en el folículo dominante, mientras que los demás degeneran. El folículo dominante produce el óvulo, el cual es recogido por las trompas de Falopio en el momento de la ovulación, normalmente 13 o 14 días después del último período.
El folículo dominante, con su óvulo dentro, crece a gran velocidad. El ovum se libera suavemente junto con un poco de fluido y no «revienta» del folículo de forma poco apropiada para una señorita, como se creyó en otro tiempo; ahora se piensa que las enzimas rompen poco a poco la pared folicular y ayudan a liberar al óvulo de su membrana.
La estructura que queda atrás, denominada corpus luteum, es el «cuerpo amarillo» que segrega estrógeno y progesterona al torrente sanguíneo. Ésta es, con mucho, la estructura más grande que contiene el tejido del ovario. Al cabo de unos 14 días, el cor-pus luteum desaparece, y aproximadamente un día después comienza el período. El viejo corpus luteum se transforma en un tejido cicatrizal conocido como corpus albicans. Los ovarios sanos contienen muchas de estas marcas.
Esto continúa sucediendo con una regularidad más bien tediosa durante muchos años, mientras una siga ovulando. Conforme se va acercando la menopausia, los folículos se vuelven menos sensibles a la estimulación hormonal y el organismo va fabricando menos hormonas. Los ovarios contienen menos óvulos en espera y, con el tiempo, ya ninguno de ellos será productivo.

Los ovarios

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Hay dos ovarios, uno a cada lado del útero. Tienen una forma ovalada y el tamaño aproximado de un huevo de gallina pequeño y ligeramente achatado, o de una almendra grande, si se prefiere la versión vegetal. Los ovarios pueden agrandarse en caso de en-dometriosis, síndrome de ovario poliquístico (SOP), cáncer de ovario o quistes ováricos.
El ovario no está unido al extremo de la trompa de Falopio, sino que se mantiene en su sitio mediante el ligamento ovárico. Se trata de un cordón fibromuscular que sujeta el ovario al útero justo por debajo de la entrada de la trompa de Falopio. Cada ovario tiene otra gruesa «maroma», denominada ligamento suspensor, que lo sujeta a la pared lateral de la pelvis y contiene los vasos sanguíneos, los vasos linfáticos y los nervios ováricos.

Las trompas de Falopio

Los daños ocasionados a las fimbrias o las adherencias causadas por infecciones, operaciones quirúrgicas o una endometriosis pueden afectar gravemente el funcionamiento normal de esos corpúsculos y ser causa de infertilidad. Pero el organismo es muy listo; se ha demostrado que la actividad de las fimbrias es tan intensa que son capaces de crear una ondulación que alcance al otro lado y recoger un óvulo del ovario derecho y transportarlo hasta la trompa izquierda, o viceversa, si una de las trompas está bloqueada. Eso sí que es moverse.
Por suerte, es más probable que las infecciones y las adherencias afecten al extremo ancho de la trompa, pero, por desgracia, cualquier cambio en el minúsculo diámetro interior de ésta puede incidir en la fertilidad o aumentar las posibilidades de un embarazo ectópico, en el cual un óvulo fertilizado se queda atascado en la trompa y empieza a crecer un embrión en el lugar donde no debe. (Otra cosa de mujeres que lleva el nombre de un hombre: las trompas de Falopio se llaman así gracias a un italiano del siglo xvi que se llamaba Gabriello Fallopio.)

Las trompas de Falopio

Las trompas de Falopio, también conocidas como oviductos o conductos del óvulo, están musculadas y recubiertas de unos «pelillos» realmente minúsculos llamados cilios. Las trompas, situadas una a cada lado, conectan los ovarios, donde se fabrican los óvulos, con el útero, adonde se supone que han de llegar los óvulos. Las trompas son como un espagueti muy fino (vale, no es una fruta ni un fruto seco) más ancho a la altura del ovario y más estrecho a la entrada del útero. El interior de una trompa tiene tan sólo el grueso de un hilo de coser (ponte tú a buscar aquí metáforas con frutas para todo esto).
El óvulo se desplaza hacia el útero gracias a unas contracciones en las trompas de Falopio. Dichas contracciones también evitan en parte que la sangre menstrual vaya hacia arriba en vez de hacia abajo, pero durante cada menstruación suele haber un poco de flujo «retrógrado», o hacia atrás, que sube por las trompas de Falopio hasta la pelvis. Los diminutos cilios de las trompas recubren toda la cara interior de cada una de ellas. Su continuo movimiento ondulatorio impulsa toda materia en una dirección, en este caso hacia el útero. Los estrógenos mantienen constante ese movimiento… más o menos igual que la primera persona que inicia una ola en un estadio de fútbol. O no. Bueno, sólo era por ayudar. En el extremo situado junto al ovario, cada trompa termina en unas pequeñas proyecciones parecidas a unos dedos, denominadas fimbrias. Son estructuras muy delicadas, por lo general en movimiento, como cuando se agitan los dedos de la mano, que empujan el óvulo hacia el interior de la trompa. Dado que ese movimiento provoca diminutas olas y corrientes en el fluido que rodea el ovario, el óvulo es arrastrado al extremo de la trompa, donde se hacen cargo de él los cilios y la acción muscular.

El interior del endometrio

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Todos los cambios que tienen lugar en el ciclo menstrual están diseñados para preparar el revestimiento del útero —el endometrio— en caso de que sea necesario albergar un óvulo fecundado. El endometrio está formado por dos capas de tejido que se funden la una con la otra de modo que parecen una sola. Constituyen la capa basal, que no cambia nunca, y la capa funcional, la más externa y que va renovándose.
La capa basal cubre siempre el músculo uterino, es algo parecido al suelo que sirve de base para el alfombrado de la capa funcional. (Bien mirado, hemos abandonado nuestra analogía con las frutas y ahora estamos hablando del mobiliario de la casa.)
La capa basal que forma el «suelo» permanece prácticamente inalterado durante todo el ciclo, y no se elimina mediante el sangrado en una menstruación.
La capa funcional de «alfombrado» cambia con la actividad hormonal durante el ciclo, y se elimina en forma de sangre menstrual. Las microscópicas arterias en espiral que alimentan esta capa se vacían y se rellenan con cada ciclo.
Este proceso de reconstrucción y eliminado de la capa funcional es causado por la acción de las hormonas estrógeno y pro-gesterona en tres fases: la proliferativa (las células crecen como locas para formar un buen revestimiento endometrial en la pared del útero), la secretora (las glándulas del endometrio producen glucógeno para utilizarlo en caso de que el útero se convierta en el hogar de un feto) y la menstrual (la eliminación mediante sangrado en el período).

El endometrio

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El revestimiento interior del útero es una delgada capa de células llamada endometrio. Éste se elimina en cada menstruación en forma de sangre y otras partículas parecidas a ésta. El endometrio crece como reacción a la influencia de las hormonas estrógeno y progesterona, que se fabrican en el ovario y se liberan en el organismo. Durante la primera parte del ciclo, justo después de la menstruación, el endometrio se encuentra en su fase más delgada. Después, el estrógeno hace que se vaya desarrollando el revestimiento. Si se produce una ovulación (cuando el ovario libera un óvulo), se fabrica progesterona y el endometrio se engrosa y cambia de estructura, para ser más útil en caso de tener lugar un embarazo.
La eliminación regular del endometrio significa que lo han afectado las hormonas, pero no necesariamente que se haya producido una ovulación. Algunas mujeres que no ovulan tienen la menstruación de todas formas.