
El útero es un órgano fuerte y musculoso que se encuentra en el interior de la pelvis. En él es donde se origina el período y donde el feto crece durante el embarazo hasta transformarse en un niño.
El músculo uterino, llamado miometrio, es uno de los más fuertes del cuerpo. El útero, también conocido como la matriz, puede estirarse para albergar un bebé plenamente desarrollado y es capaz de contraerse rítmicamente durante el parto para ayudar al niño a pasar por el cuello de la matriz, recorrer la vagina y salir al mundo.
La fuerza de la contracción muscular influye en la cantidad de sangre que se pierde durante una menstruación o después de un parto. Dicha contracción muscular, que puede dar lugar a una sensación de «calambre», afecta también a la intensidad del dolor menstrual.
Al hablar del tamaño relativo de los órganos interiores, emplearemos una comparación con una fruta o un fruto seco, porque es la manera más sencilla y, francamente, nos resulta la mar de divertida. Por lo general, el útero tiene aproximadamente el tamaño y la forma de una pera algo aplanada. Ese tamaño y esa forma pueden verse alterados por quistes fibromas, pólipos, un embarazo en curso o embarazos repetidos. Las variaciones pueden notarse por primera vez durante un examen pélvico, y deben investigarse. (En ocasiones, a un útero que es más grande de lo normal los médicos lo denominan útero «abultado». A veces, los términos médicos carecen por completo de tacto.)

Vamos a manejar todo el tiempo términos como ovario y útero, de modo que lo mejor es que sepamos de qué estamos hablando. «La cosita de delante» y «la cosita de atrás» no son los términos más adecuados para nuestros fines, que se diga. He aquí un inventario de los conceptos adecuados y un resumen de para qué sirven.
La vulva
Vulva es el término que alude a los genitales externos de la mujer. Esta palabra abarca todas las partes de fuera que están situadas entre el pubis (mons pubis) y la zona que se extiende desde la vagina hasta el ano, denominada perineo.
La vulva comprende los «labios» vaginales llamados labia minora (labios menores) y labia majora (labios mayores); la abertura de la vagina y la de la uretra, que transporta la orina procedente de la vejiga; el clítoris, que no tiene otro propósito que causarnos sensaciones fabulosas en determinadas ocasiones; y las glándulas de Bartholin. Estas glándulas, situadas alrededor de la entrada de la vagina dentro de los labios menores, lubrican el área durante la excitación sexual. (Seguro que el señor Bartholin no era amigo de divulgar en las fiestas que él había prestado su apellido a esto.)
Los labios mayores son los pliegues de piel grandes y carnosos, cubiertos de vello, que rodean la zona de la vulva. Las caras internas de los mismos están revestidas de la misma clase de membrana que recubre los labios menores. Esta membrana también posee glándulas que lubrican la zona durante el acto sexual.
Los labios menores se unen en la parte de delante para formar el recubrimiento del clítoris. Dicho recubrimiento se denomina, en ocasiones, capucha del clítoris, o prepucio, para decirlo de manera más científica. (Cuesta imaginarse pronunciando la palabra «prepucio» en una conversación corriente.) Dentro de los pliegues de los labios menores se encuentran las aberturas de la uretra (procedente de la vejiga) y de la vagina.