
Me parece que se descubrió un público femenino que estaba deseoso de tener un espacio que no fuera el típico programa de cocina. Esta mujer tampoco es la que trabaja y nada más sino que está en el medio de esos dos polos. Yo no hago nada. Cada tanto salgo a correr, pero por una cuestión de liberar la cabeza. En mi caso, lo físico es una consecuencia de lo psíquico. No va conmigo la obsesión por el cuidado del cuerpo.

Me dan MIEDO las MUJERES que NO quieren ENVEJECER…
Así como en la televisión, es una máquina de disparar definiciones y no evade ningún tema: desde que no le sienta cuidarse obsesivamente hasta qué significa terminar con una pareja que no quiso acompañarla a tener un hijo o lo poco que se parece al personaje con el que debutará en cine. Sin duda, es lo más parecido a una mujer normal, como ella misma define.

Aceite de olivas
Es FALSO que el aceite de oliva es más pesado y menos digerible que los otros aceites. Al contrario, es el más digerible de todos y por ello también es apto en la dieta de niños y ancianos. Tampoco es cierto que el aceite de semillas es más apto para freír. Todo lo contrario. El aceite de oliva resiste mucho mejor las altas temperaturas y no produce reacciones tóxicas cuando se le somete a fritura. Además, al freír forma una capa fina y consistente alrededor del producto que impide que absorba más aceite y permite retener todos los jugos.

Falsos prejuicios
Si bien el aceite de oliva es reconocido por sus beneficios, siguen circulando muchas leyendas erróneas que lo tienen como protagonista.
Es FALSO que el aceite de oliva contiene más grasa que el aceite de semillas. En realidad, todo los aceites contienen la misma cantidad de grasa y aportan 9 calorías por gramo. Por lo tanto, el aceite de oliva no es más calórico que el de semillas. Al revés, al ser más sabroso y viscoso, se puede usar menor cantidad.

En resumen, el aceite de oliva ayuda a prevenir la arteriesclerosis y sus riesgos, produce una mejora en el funcionamiento del estómago y del páncreas por su alta digestibilidad, posee un efecto protector y tónico de la epidermis, ayuda a mejorar las funciones metabólicas, estimula el crecimiento y ayuda a la absorción del calcio. Un verdadero elixir natural para tener en cuenta.

Dietas anticolesterol
De hecho, el ácido oleico que contiene aumenta el llamado “colesterol bueno” que ejerce un papel protector arrastrando de las arterias hacia el hígado el “colesterol malo” y reduciendo así los riesgos de infarto por hipercolestero-lemia.

Virtudes anticolesterol
De todos los aceites, el de oliva es, sin lugar a dudas, el más beneficioso para la salud. Aporta más vitaminas E, A y D que cualquier otro aceite por lo que es esencial para la renovación celular y mejoramiento de la piel. Al contener ácido oleico es beneficioso para el crecimiento óseo y el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso. No produce colesterol, con lo cual es magnifico para las enfermedades circulatorias y cardiovasculares, tal como lo evidencian aquellos que consumen una dieta mediterránea, rica en aceite de oliva.

Ese mismo método, modernizado, claro, es el que aún hoy se utiliza para conseguir el aceite de oliva extra virgen de primera presión en frío, el mejor de los aceites de oliva. Al ser en frío y por presión, no hay ningún tipo de alteración de las aceitunas por el calor, el centrifugado o los disolventes que suelen utilizarse para extraer otros aceites. Completamente natural, un verdadero jugo de aceitunas, sin aditivos ni conservantes, no sufre proceso alguno de refinado y sus propiedades beneficiosas para la salud y para la alimentación justifican ampliamente su precio, siempre un poco más alto que el de otros aceites.

Desde tiempos ancestrales se conocen las virtudes del aceite de oliva que, como otros muchos productos, cuenta con diferentes denominaciones: oliva extra virgen, virgen y común, cuya diferencia fundamental está dada por la acidez. A menor acidez, mejor calidad. Ya los romanos extraían el aceite de las aceitunas maduras utilizando para ello la presión ejercida por una masa.

Estas son las tres zonas en que se divide el rostro: la zona intelectual, que comprende desde la raíz del cabello hasta el inicio de la nariz; la zona afectiva, desde la arcada superciliar hasta el final de la nariz, la zona instintiva, que va desde la parte inferior de la nariz husta el mentón.