
Cirugia.
Si tienes que hacerlo, hazlo, pero no tengas miedo de pedir una segunda opinión, o más si quieres, antes de dar tu consentimiento. Salvo en situaciones de emergencia, la cirugía debe considerarse el último recurso. Puede ser necesaria para efectuar un diagnóstico o proponer un tratamiento correcto. En este apartado explicamos los procedimientos ginecológicos más comunes.
Sea cual sea la operación a la que vayas a someterte, no dejes de leer los consejos que se ofrecen más adelante para prepararte y recuperarte mejor. Hoy en día es posible que entres y salgas del hospital tan rápidamente que para recuperarte necesitarás toda la ayuda que puedas conseguir. (No pienses que tienes que irte a casa el mismo día, y si lo piensas, asegúrate de que haya alguien que pueda cuidar de ti. Si vas a irte a casa sola o para encontrarte con una multitud de niños chillones que necesitan que los vigilen, no te dejes intimidar e insiste en quedarte un día más en el hospital. Los efectos posteriores a una anestesia general no son para desdeñar.)
Una buena estrategia previa puede hacer mucho a la hora de recuperarse rápida y fácilmente incluso de una operación importante.

La anestesia.
Si van a administrarte anestesia general, necesitarás permanecer en el hospital un mínimo de cuatro horas o tal vez más, dependiendo de las intervenciones que te practiquen. La anestesia no ha dejado de evolucionar desde los tiempos en que se empleaba whisky o un golpe seco en la mollera. La anestesia general» la deja a una inconsciente durante toda la operación. Se usan diferentes tipos ile anestesia, en función de las preferencias de los anestesistas.
Algunas personas reaccionan mal a la anestesia; si tienes que operarte de nuevo después de sufrir una mala experiencia al recuperarte de la anestesia, averigua qué te pusieron la primera vez y di al anestesista que pruebe con algo distinto.
Cada vez es más popular saltarse la inyección previa y relajante, ya sea de petidina o de otras drogas que ponen para secar las secreciones. Actualmente se cree que la gente se recupera más deprisa de la anestesia si no se le pone dicha inyección, .lamas le mientas al anestesista acerca de cuánto pesas, cuánto alcohol bebes o cuántos cigarrillos fumas, pues eso afectará a la cantidad de anestesia y de fármacos que necesitarás durante la
intervención.

Si al llegar a la pubertad no consigue establecer adecuadas relaciones con el sexo opuesto, pueden producirse graves desórdenes en su mundo sexual, lo que crearía un círculo vicioso que puede dar lugar al llamado “complejo de Tersites”.
La más importante pregunta que nos podemos hacer ante el niño malformado es cuál será su porvenir, ya que, reparada o no su deformidad, adaptado más o menos a su vida social, queda el interrogante de saber si va a representar, al convertirse en adulto, un peligro para su descendencia. Los conocimientos actuales relativos a los más íntimos mecanismos de la información genética permiten esperar que más pronto o más tarde será posible modificar —y por tanto mejorar— el potencial genético de los individuos, y en particular el de los portadores latentes de genes patológicos que, sin manifestar por sí mismos la tara hereditaria, pueden, no obstante, transmitirla a su descendencia. El porvenir del niño malformado se verá con ello transformado.

El labio leporino y la fisura palatina deben ser reparados en los primeros meses de edad, antes de que el paciente cumpla su primer año de edad. De esta forma puede aprender a hablar correctamente y evitar vicios en su fonación, lo que le plantearía el consiguiente problema psíquico en sus relaciones escolares durante la edad infantil, y en su vida de relación profesional y social durante la edad adulta.
Otras malformaciones, como el epicanto, hipospadia, ausencia del pabellón auricular, ptosis palpebral, etc., deben ser intervenidas entre los 3 y 5 años para evitar que el niño, al iniciar sus contactos extrafamiliares, se presente con alguna tara física entre sus compañeros de juegos. Igual sucede con las llamadas manchas congénitas cutáneas.
Sin embargo las deformidades del pabellón auricular no deben ser reparadas hasta los 5 o 6 años, por ser ésta la edad en que dicho pabellón ha terminado prácticamente su desarrollo.
Es digno de llamar la atención sobre el aspecto psíquico de los niños malformados. La tendencia hiperprotectora que suelen adoptar los padres con respecto a ellos se traduce en el niño en una dependencia que limita su actividad y desarrollo normales, utilizando pronto su desfiguración para hacerse servir por los demás. Cuando el niño se pone en contacto con otros niños, se ve enfrentado a las burlas de sus compañeros, siendo objeto de ridículo con suma frecuencia. Todo esto permite que se desarrolle en él una sensación de inferioridad. Primero el niño se hace reservado y se aisla del mundo exterior. Posteriormente surge el sentimiento de envidia, rencor y deseo de revancha, lo que motiva una situación conflictual que puede manifestarse en cualquier momento, la mayor parte de las veces de forma inesperada.

Aspectos pre y postoperatorio de un caso de sindactilia de tipo membranoso en el tercero y cuarto dedo de la mano derecha.
También las extremidades presentan deformidades congénitas susceptibles de tratamiento por el cirujano plástico. Las más corrientes son la sindactilia y la polidactilia. La primera, o mano de pal-mípedo, consiste en la unión entre sí de los dedos de la mano por medio de una membrana. Generalmente sólo están unidos entre sí dos o tres dedos y, si bien en la mayoría de los casos la unión es tan sólo membranosa, puede estar formada en los casos graves por los propios huesos de los dedos. Su separación se consigue mediante trazos de forma triangular en la piel, de manera que las cicatrices no sean rectas sino en línea quebrada. La polidactilia consiste en la presencia de más de cinco dedos en la mano, siendo lo importante de esta malformación el valorar, ayudados de buenas radiografías, qué dedo es realmente el añadido y de menor función. Su tratamiento es la extirpación radical.
Tras esta descripción, no todo lo detallada que quisiéramos, de las deformidades congénitas de más frecuente aparición y susceptibles de tratamiento por el cirujano plástico, es de interés señalar cuándo se deben intervenir quirúrgicamente estos pacientes.

En las malformaciones del aparato genital externo, por los graves problemas que conllevan, tanto bajo el punto de vista psíquico como por su carácter reproductor y de mantenimiento de relaciones sexuales, tiene una gran importancia su reparación. En el hombre la más frecuente es el hipospadia, que se caracteriza por tener situado el orificio terminal de la uretra más abajo de su situación fisiológica, lo que obliga al niño a orinar por diferente sitio. Su reconstrucción se basa, además de corregir otros defectos que también presenta, en construir un conducto que transporte la orina hasta el emplazamiento fisiológico del orificio urinario.
En el sexo femenino la aplasia, o ausencia de vagina, es la de más frecuente aparición, aunque generalmente no se descubre hasta la pubertad. Su tratamiento consiste en crear una nueva cavidad, que se recubre generalmente con injertos libres de piel.

Las orejas prominentes u orejas despegadas, que miran hacia delante, constituyen la malformación más corriente de los pabellones auriculares. Mediante una adecuada corrección quirúrgica se reproducen los relieves auriculares y se consigue que los pabellones “miren” lateralmente.

Las regiones orbitaria y nasal pueden presentar gran variedad de deformidades, que generalmente se asocian, como sucede en los casos de nariz bífida, con el hipertelorismo (separación acentuada de las órbitas), epicanto (repliegues cutáneos en los ángulos internos de los ojos), microftalmía (disminución de la apertura palpebral), ptosis del párpado superior (ausencia de su aparato elevador, por lo que el párpado superior no se puede elevar en su totalidad), etcétera.
Esta tendencia de las malformaciones a asociarse ha hecho que se agrupen en síndromes que han tomado nombre propio cuando su aparición es frecuente.
En el tronco, la glándula mamaria es la que presenta con más frecuencia diversas malformaciones, como es la presencia de varias pequeñas areolas, cuyo tratamiento consiste en su simple extirpación. En el hombre dichas glándulas presentan a veces aumento de tamaño, o ginecomastia, que le puede causar graves problemas psíquicos. Su tratamiento consiste en extirpar la glándula hipertrófica por vía areolar, con lo que la cicatriz quedará totalmente invisible.

Entre las otras malformaciones de los pabellones auriculares las de más frecuente aparición son las llamadas orejas prominentes u orejas despegadas, en las que, por falta de los repliegues naturales de las orejas, éstas “miran” hacia delante. Aumenta así su ángulo con la cabeza, por lo que sobresale mucho de ésta. Puede originar graves problemas psíquicos en los niños que la padecen al ser objeto de burla por parte de sus compañeros de juego o de colegio, comparando sus orejas con las del gracioso Dumbo. En su tratamiento se consigue un aspecto fisiológico adecuado mediante diversas maniobras sobre el cartílago de la oreja que, realizadas por vía posterior, reproducen los relieves auriculares y hacen que el ángulo con la cabeza sea el normal, “mirando”, por lo tanto, lateralmente el pabellón auricular.

Entre las manchas y tumores congénitos se encuentra el nevus pigmentario, formado por manchas negruzcas que a veces sobresalen de la piel. Caso de nevus pigmentario localizado en la pirámide nasal, que causaba grandes perturbaciones psíquicas a la paciente, y resultado tras la extirpación de las manchas y reparación de la zona con injerto cutáneo total.