
Quizá la malformación que con más frecuencia trata el cirujano plástico es el labio leporino, deformidad que varía desde una pequeña muesca en el bermellón del labio superior, hasta una hendidura completa en el labio y encía superior, que se continúa en sus formas más graves con hendidura completa del paladar, no existiendo entonces separación entre la boca y la nariz. Puede afectar sólo a un lado de la nariz o a los dos, siendo en este último caso completa la comunicación buconasal. En la reparación de esta deformidad congénita tiene que procurar el cirujano plástico darle al labio y a la nariz una forma lo más natural posible, así como reconstruir el paladar para lograr la separación de la boca y la nariz y que de esta forma tanto la alimentación como el habla sean normales.
En la ausencia del pabellón auricular tenemos que hacer las veces de auténticos artesanos, al valemos para su reconstrucción de un trozo de cartílago extraído de la pared costal que, tallado y modelado, se asemeje lo más posible una vez recubierto de piel a una oreja normal.

Los llamados angiomas cavernosos o tuberosos son auténticas masas de dilataciones venosas que deforman la zona donde se asientan, la cual toma una coloración azulada. Su tratamiento es mucho más complejo que el de los angiomas planos y creemos que se sale de las directrices de este capítulo.
El otro tipo de mancha congénita cutánea de mayor incidencia es el llamado nevus pigmentario o nevus piloso, que consiste en manchas negruzcas que a veces sobresalen de la piel y que presentan en ocasiones gran cantidad de pelos. El tratamiento de estas manchas, también resistentes a las radiaciones, consiste en la extirpación completa de las mismas, cerrando el defecto creado, bien con sutura directa, bien con piel vecina, o bien mediante un injerto libre de piel.
Dentro de las deformidades congénitas enumeradas en el apartado cráneo, cara y cuello, las de más frecuente aparición son el labio leporino, la fisura palatina y las deformidades de pabellones auriculares. Sobre el resto de las malformaciones de este apartado creemos que su descripción y tratamiento haría demasiado complejo este capitulo, por lo que sólo las enumeraremos a fin de dar idea del campo tan complejo que abarca la cirugía plástica.

Pasemos a continuación a describir algunos aspectos de los más frecuentes de estas malformaciones y su tratamiento.
Dentro de los tumores y manchas cutáneas congénitas son de gran trascendencia los angiomas y los nevus. El angioma es un tumor de los vasos sanguíneos, que puede adquirir la apariencia de auténtica tumoración, tomando entonces el adjetivo de cavernoso, o manifestarse como una simple mancha, llamándose entonces angioma plano. Es esta última variedad, esbozada anteriormente, la que más nos interesa por tener el aspecto de una mancha de color vinoso, que no sobresale de la piel y cuya coloración aumenta con los esfuerzos, llanto, gritos, etc. Se han ensayado en su tratamiento varios métodos, desde la radioterapia, cirugía, etc., hasta tatuajes con diferentes colorantes, que asemejan su color al de la piel normal. Sin embargo, al ser resistentes a las radiaciones, éstas sólo producen quemaduras o destrucciones en la piel. El tratamiento más adecuado, según la experiencia actual, consiste en realizar un raspado profundo de la zona de la piel afectada, o dermoabrasión, cubriendo dicha región con un injerto libre de piel, generalmente extraído de la cara interna del brazo por su calidad y coloración favorables, con lo que se consigue la desaparición de la mancha.