Las trompas de Falopio

Los daños ocasionados a las fimbrias o las adherencias causadas por infecciones, operaciones quirúrgicas o una endometriosis pueden afectar gravemente el funcionamiento normal de esos corpúsculos y ser causa de infertilidad. Pero el organismo es muy listo; se ha demostrado que la actividad de las fimbrias es tan intensa que son capaces de crear una ondulación que alcance al otro lado y recoger un óvulo del ovario derecho y transportarlo hasta la trompa izquierda, o viceversa, si una de las trompas está bloqueada. Eso sí que es moverse.
Por suerte, es más probable que las infecciones y las adherencias afecten al extremo ancho de la trompa, pero, por desgracia, cualquier cambio en el minúsculo diámetro interior de ésta puede incidir en la fertilidad o aumentar las posibilidades de un embarazo ectópico, en el cual un óvulo fertilizado se queda atascado en la trompa y empieza a crecer un embrión en el lugar donde no debe. (Otra cosa de mujeres que lleva el nombre de un hombre: las trompas de Falopio se llaman así gracias a un italiano del siglo xvi que se llamaba Gabriello Fallopio.)

Las trompas de Falopio

Las trompas de Falopio, también conocidas como oviductos o conductos del óvulo, están musculadas y recubiertas de unos «pelillos» realmente minúsculos llamados cilios. Las trompas, situadas una a cada lado, conectan los ovarios, donde se fabrican los óvulos, con el útero, adonde se supone que han de llegar los óvulos. Las trompas son como un espagueti muy fino (vale, no es una fruta ni un fruto seco) más ancho a la altura del ovario y más estrecho a la entrada del útero. El interior de una trompa tiene tan sólo el grueso de un hilo de coser (ponte tú a buscar aquí metáforas con frutas para todo esto).
El óvulo se desplaza hacia el útero gracias a unas contracciones en las trompas de Falopio. Dichas contracciones también evitan en parte que la sangre menstrual vaya hacia arriba en vez de hacia abajo, pero durante cada menstruación suele haber un poco de flujo «retrógrado», o hacia atrás, que sube por las trompas de Falopio hasta la pelvis. Los diminutos cilios de las trompas recubren toda la cara interior de cada una de ellas. Su continuo movimiento ondulatorio impulsa toda materia en una dirección, en este caso hacia el útero. Los estrógenos mantienen constante ese movimiento… más o menos igual que la primera persona que inicia una ola en un estadio de fútbol. O no. Bueno, sólo era por ayudar. En el extremo situado junto al ovario, cada trompa termina en unas pequeñas proyecciones parecidas a unos dedos, denominadas fimbrias. Son estructuras muy delicadas, por lo general en movimiento, como cuando se agitan los dedos de la mano, que empujan el óvulo hacia el interior de la trompa. Dado que ese movimiento provoca diminutas olas y corrientes en el fluido que rodea el ovario, el óvulo es arrastrado al extremo de la trompa, donde se hacen cargo de él los cilios y la acción muscular.