Cómo ser feliz

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Cómo ser feliz.
Como personas adultas y ya convertidos en nuestros propios progenitores, podemos cambiar nuestras pautas de conducta y enseñarle a nuestro niño interior que los sentimientos no son correctos ni incorrectos. Simplemente son. Está bien sentir lo que se siente. El ser humano posee, desde que nace, un reservorio de sentimientos que lo orientan a realizar conductas para cubrir sus necesidades básicas. Sentir ira es natural cuando somos atacados o invadidos en nuestros espacios o cuando no se respetan nuestros derechos. Es válido expresarla, pero no lo es, actuar violentamente con gritos, golpes e insultos. Es necesario darle a nuestro niño interior y a nosotros como adultos, un ambiente seguro y libres de prejuicios donde poder expresar nuestras emociones. Nuestros sentimientos son parte de nuestro poder personal. Son el combustible psíquico que nos impulsa a cerciorarnos si nuestras necesidades básicas son satisfechas. Nos indican cuando existe peligro (miedo), cuando estamos siendo atropellados (ira) y cuando hemos perdido algo de valor (tristeza). Está bien querer lo que se quiere (dentro de límites razonables). No hay nada que nosotros debamos o no debamos querer. Si estamos en contacto con nuestra energía vital sentiremos deseos de expandirnos, de crecer. Es necesario satisfacer nuestras necesidades, por tanto es correcto pedir lo que deseamos. Estas nuevas reglas nos permitirán relaciones dinámicas, productivas y satisfactorias con nuestro entorno. Asimilar estos nuevos conceptos nos permitirá corregir aquellas pautas de conductas habituales que no nos satisfacen tanto como dejar atrás los sufrimientos del pasado.

Que son los sentimientos

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El valor de los sentimientos.
Nuestra personalidad se forma desde los primeros días de vida. A veces, ese aprendizaje nos deja heridas que perjudican nuestra relación con los demás. Sepa cómo reconocerlas y eliminarlas para siempre.
De adultos podemos restaurar las heridas inevitables que recibimos cuando niños, convirtiéndonos en nuestros propios padres, imponiéndonos nuevas reglas, distintas a las que nos perjudicaron durante la infancia.
Hay niños que vivieron en familias donde aprendieron que de determinadas casas no se habla, que expresar sentimientos es un signo de debilidad.
Por otra parte, aquellos niños que resultaron ignorados en su infancia, aprendieron a no expresar sus deseos ya que nadie iba a satisfacerlos. Siendo adultos , sintiendo que no tienen derecho a desear algo y a solicitar cosas, se ponen al servicio de los deseos de los demás. De esta manera, su energía vital resulta aplastada y con el paso del tiempo es probable que aparezcan estados de apatía y pérdida del sentido de la vida. La vergüenza que ciertos adultos tienen para pedir está ligada, en algunos casos, a momentos de la infancia en que han pedido y los han rechazado o los han puesto en ridículo por hacerlo.