Tumor de brenner

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Tumores de Brenner.
Suelen ser pequeños y benignos, pero en ocasiones pueden volverse malignos. Pueden aparecer a cualquier edad y a veces provocan períodos irregulares o abundantes, pero son más comunes después de la menopausia. En general, lo mejor es extirparlos, sobre todo después de la menopausia, cuando es más probable que sean cancerosos.

Quistes lúteos

Los quistes lúteos se desarrollan en la segunda fase del ciclo. Los grandes pueden causar un dolor sordo, pero la mayor parte de las veces sólo se descubren en una exploración rutinaria. No requieren tratamiento y por lo general se reabsorben ellos solos.
A veces se rompe un quiste lúteo. Si es pequeño, el dolor suele ser muy leve y desaparece al iniciarse el período. Pero si se ha roto un quiste grande y lleno de sangre, puede causar un dolor serio y confundirse con la interrupción de un embarazo ectópico o con algún otro problema.
Los quistes lúteos pueden interferir con la producción de pro-gesterona y provocar irregularidades en el ciclo. La progesterona estimula el revestimiento del útero y puede retrasar un período o bien alargar o acortar el ciclo. Los quistes lúteos suelen desaparecer después de un ciclo, y todo vuelve a la normalidad sin tratamiento alguno.

Quistes foliculares

Los quistes foliculares, que son comunes, se forman debido a una desviación de la ovulación normal. Se desarrollan a partir de un folículo en crecimiento (el saco del óvulo) que, de repente, se transforma en un quiste en vez de un óvulo.
En la mayoría de los casos los quistes son pequeños, causan pocos síntomas y pueden descubrirse accidentalmente. En general no requieren tratamiento y suelen reabsorberse sin ocasionar problemas, luego aparecen otros sacos de óvulos que funcionan como es debido. De vez en cuando estos quistes pueden romperse, pero como son pequeños y no suelen contener sangre, causan pocos problemas y por lo general no requieren tratamiento.

Quistes fisiológicos

Los quistes fisiológicos son los más comunes, y por lo general no necesitan tratamiento ni cirugía. También se conocen como quistes simples o funcionales. No se los debe confundir con los quistes funcionantes, los cuales funcionan produciendo hormonas. (Ya podían haber buscado nombres menos confusos.) Los quistes fisiológicos se deben a un anormal desarrollo del óvulo en el ovario, y no a un crecimiento anómalo de las células. Existen dos tipos de estos quistes: el folicular y el lúteo, llamados así por la fase del ciclo menstrual en que aparecen.

Quistes ováricos benignos

Hay montones de quistes ováricos benignos. Los más comunes son los fisiológicos y los que surgen con motivo de un síndrome de ovario poliquístico.
Ambos se desarrollan debido a una alteración en la ovulación. Son, con diferencia, los tipos más comunes de quistes de los que una podría tener que ocuparse, así que hay mucho que saber acerca de ellos, incluido cómo pueden hacer que nuestras hormonas se vuelvan locas. Volveremos a hablar de ellos en este mismo capítulo.
Otras variedades menos comunes son los cistadenomas, los fibromas, los quistes dermoides y los quistes de Brenner. Muchos de ellos no producen síntomas a menos que se rompan o que hagan que el ovario se retuerza (fenómeno denominado torsión). Pero aunque estos quistes benignos no suelen ser cancerosos, por lo general hay que extirparlos quirúrgicamente porque la mayoría de ellos pueden tener una forma cancerosa, y el diagnóstico definitivo de si un quiste es canceroso o no por lo general sólo puede hacerse en el laboratorio después de extirparlo. También puede suceder que se retuerzan sobre un tallo y causen dolor o se rompan, en cuyo caso es necesario operar con urgencia.