
Quistes malignos (cancer de ovario)
El cáncer de ovario es bastante raro, pero por lo general se desarrolla de manera insidiosa sin dar síntomas, de tal modo que puede estar avanzado antes de que nadie se percate de ello.
Lo bueno es que cuanto antes se diagnostique el cáncer de ovario, más posibilidades hay de supervivencia. Y si se extirpa pronto y se trata, puede obtenerse una cura total del mismo.
Para confundir aún más el asunto, los quistes oválicos pueden ser de los que rozan el límite, o sea, que no son ni benignos ni malignos sino algo intermedio, y algunos quistes ováricos benignos pueden progresar hasta hacerse malignos. Hay tumores que pueden iniciarse en otro lugar y luego extenderse al ovario. La mejor protección contra el cáncer de ovario es la vigilancia y la rápida intervención quirúrgica para cerciorarse de que nada que se le parezca pueda convertirse en algo desagradable.
Si tienes más de 40 años, debes practicarte un examen interno anual. Todas debemos hacernos una exploración interna al acudir a la acostumbrada citología de cada año o cada dos años. Las ccografías de la pelvis también pueden reducir el riesgo de sufrir cáncer de ovario.

Quistes derinoides (teratomas).
Los quistes dermoides se forman como resultado de una multiplicación anómala de las células que fabrican el óvulo en el ovario. Estas células productoras de óvulos tienen el potencial de crear diversos tipos de tejido que se encuentran normalmente en el cuerpo, porque pueden terminar empleándose para formar un feto, si son fertilizados por el esperma.
El crecimiento irregular de estas células en los quistes dermoides puede dar lugar a muchas estructuras distintas, entre ellas pelo, dientes, huesos y fragmentos de piel. (Eso es lo extraño.) Ello se debe a que las células siguen con su labor y tratan de fabricar partes de una persona.
Obviamente, dichas partes no son cosas que una desee tener rondando por el interior del ovario, así que lo mejor es eliminar quirúrgicamente los quistes dermoides. Pueden estar unidos a un pedículo, pueden volverse malignos, y no van a desaparecer por sí solos. Rara vez se rompen, pero cuando ocurre pueden resultar increíblemente dolorosos.
Una vez que comprendas lo que es un dermoide, puedes dejar de preocuparte de que tu cuerpo esté creando algo sacado de la película Alien, el octavo pasajero. Si desarrollas un quiste dermoide, no te asustes demasiado, al fin y al cabo es algo bastante corriente, y no es tan estrafalario como la cara de Michael Jackson.

Cistadenomas serosos y mucinosos.
Estos tipos de quistes ováricos pueden alcanzar un tamaño considerable, y la torsión (retorcerse sobre el pedículo) puede convertirse en un problema. Los quistes serosos están llenos de un líquido claro, y los mucinosos contienen una sustancia mucho más pegajosa parecida al moco. La rotura de uno y otro puede causar dolor, pero la sustancia mucosa provoca una mayor irritación del revestimiento pélvico y es más probable que cause adherencias (cicatrices que pueden pegar los órganos entre sí). Los quistes serosos no afectan a la ovulación, pero rara vez se reabsorben por sí mismos, de modo que lo mejor es extirparlos quirúrgicamente, dada la complicación que supondría tener que operarlos si se rompieran. (Los quistes ováricos serosos y mucinosos tienen una forma más rara, maligna, denominada eistade-nocarcinoma. En una ecografía no se distingue si se trata de la versión desagradable. He ahí otro motivo por el que los médicos optan por extirparlos.)

Los quistes lúteos se desarrollan en la segunda fase del ciclo. Los grandes pueden causar un dolor sordo, pero la mayor parte de las veces sólo se descubren en una exploración rutinaria. No requieren tratamiento y por lo general se reabsorben ellos solos.
A veces se rompe un quiste lúteo. Si es pequeño, el dolor suele ser muy leve y desaparece al iniciarse el período. Pero si se ha roto un quiste grande y lleno de sangre, puede causar un dolor serio y confundirse con la interrupción de un embarazo ectópico o con algún otro problema.
Los quistes lúteos pueden interferir con la producción de pro-gesterona y provocar irregularidades en el ciclo. La progesterona estimula el revestimiento del útero y puede retrasar un período o bien alargar o acortar el ciclo. Los quistes lúteos suelen desaparecer después de un ciclo, y todo vuelve a la normalidad sin tratamiento alguno.

Los quistes foliculares, que son comunes, se forman debido a una desviación de la ovulación normal. Se desarrollan a partir de un folículo en crecimiento (el saco del óvulo) que, de repente, se transforma en un quiste en vez de un óvulo.
En la mayoría de los casos los quistes son pequeños, causan pocos síntomas y pueden descubrirse accidentalmente. En general no requieren tratamiento y suelen reabsorberse sin ocasionar problemas, luego aparecen otros sacos de óvulos que funcionan como es debido. De vez en cuando estos quistes pueden romperse, pero como son pequeños y no suelen contener sangre, causan pocos problemas y por lo general no requieren tratamiento.

Los quistes fisiológicos son los más comunes, y por lo general no necesitan tratamiento ni cirugía. También se conocen como quistes simples o funcionales. No se los debe confundir con los quistes funcionantes, los cuales funcionan produciendo hormonas. (Ya podían haber buscado nombres menos confusos.) Los quistes fisiológicos se deben a un anormal desarrollo del óvulo en el ovario, y no a un crecimiento anómalo de las células. Existen dos tipos de estos quistes: el folicular y el lúteo, llamados así por la fase del ciclo menstrual en que aparecen.

Hay montones de quistes ováricos benignos. Los más comunes son los fisiológicos y los que surgen con motivo de un síndrome de ovario poliquístico.
Ambos se desarrollan debido a una alteración en la ovulación. Son, con diferencia, los tipos más comunes de quistes de los que una podría tener que ocuparse, así que hay mucho que saber acerca de ellos, incluido cómo pueden hacer que nuestras hormonas se vuelvan locas. Volveremos a hablar de ellos en este mismo capítulo.
Otras variedades menos comunes son los cistadenomas, los fibromas, los quistes dermoides y los quistes de Brenner. Muchos de ellos no producen síntomas a menos que se rompan o que hagan que el ovario se retuerza (fenómeno denominado torsión). Pero aunque estos quistes benignos no suelen ser cancerosos, por lo general hay que extirparlos quirúrgicamente porque la mayoría de ellos pueden tener una forma cancerosa, y el diagnóstico definitivo de si un quiste es canceroso o no por lo general sólo puede hacerse en el laboratorio después de extirparlo. También puede suceder que se retuerzan sobre un tallo y causen dolor o se rompan, en cuyo caso es necesario operar con urgencia.

Las ecografías detectan la mayor parte de los quistes ováricos, y a veces el médico puede hacer una conjetura basada en la información de que dispone acerca del tipo de quiste, pues algunos suelen ser sólidos, semisólidos o llenos de fluido. Muchos de los distintos tipos de quistes pueden ser benignos, malignos o «casos que rozan el límite», y por lo general no es posible distinguir cuál es el que tiene una sin recurrir a la cirugía. Algunos quistes pueden dejarse como están y someterlos a observación, pero si se tienen dudas, el cirujano optará por extirparlos.
El método más fiable de distinguir si un quiste es maligno, benigno o un caso intermedio es examinándolo bajo el microscopio en el curso de una operación o después de extirparlo, en un laboratorio de anatomía patológica. Los quistes se extirpan con anestesia general, por laparoscopia o laparotomía. Lo principal en los casos de quistes ováricos es averiguar de qué tipo son, para que paciente y medico puedan planificar con exactitud qué hacer a continuación. Gomo existe una pequeña posibilidad de que un quiste sin identificar pueda ser canceroso, no es momento de andar jugando a las adivinanzas. Gomo mínimo, y para quedarse tranquila, se debe realizar una ecografía, o más probablemente una laparoscopia.

Existen muchas clases distintas de quistes, con estructuras y comportamientos diferentes. Por ejemplo, el tipo más extraño de quiste ovárico común tiene dientes y pelo (más adelante seguiremos hablando de este comportamiento tipo Expediente X).
Si las células del ovario que producen hormonas para el ciclo natural se desarrollan de modo anormal, pueden crear un quiste que bombee hormonas en grandes cantidades, más de las que una necesita. Ello puede causar efectos secundarios temporales, como más vello facial. Algunos quistes acompañan a problemas dolorosos como la endometriosis; otros son muy sigilosos y pueden desarrollarse de manera espontánea y luego desaparecer sin haber causado ningún síntoma.
Es frecuente descubrir que se tiene un quiste en el ovario con ocasión de un examen rutinario de la pelvis, o durante una exploración o una ecografía realizadas por otros motivos. A veces, el hecho de sentir dolor durante las relaciones sexuales con penetración puede constituir una señal de alarma, y los quistes muy grandes pueden causar síntomas de sensación de presión, estómago hinchado e incomodidad. Los quistes varían de tamaño; si hemos de utilizar la analogía con las frutas, favorita de la profesión médica, por lo general van desde el tamaño de una uva pasa hasta el de un pomelo. (Ocasionalmente puede que oigas alguna historia peregrina de una agencia de noticias extranjera especializada en historias sorprendentes como la de la extirpación de un quiste oválico de 47 kilos, pero cuanto menos se hable de esa clase de bromas, mejor.)

Los ovarios son unos órganos pequeños y complejos que tienen un trabajo muy importante: ensamblar y enviar. Cada mes, un ovario fabrica un óvulo y lo envía por la trompa de Falopio en dirección al útero por si la propietaria del mismo desea utilizarlo para quedarse embarazada. Pero además del envío de óvulos, los ovarios son responsables de una intrincada y constante producción sucesiva de hormonas. Así que cada uno de ellos está formado por complejos tejidos que se encargan de esas funciones diversas.
No es tan insólito que ese ajetreado tejido oválico empiece a hacer algo anómalo, de modo que los quistes oválicos también son bastante comunes. Lo principal que hay que saber es que la palabra «quiste» no significa necesariamente problema, y desde luego no significa automáticamente cáncer. La mayoría de los quistes son diminutos y totalmente inofensivos, no requieren tratamiento, y una ni siquiera sabe que los tiene. En el otro extremo de la escala, pueden desarrollarse tumores cancerosos, y éstos, por supuesto, deben ser extirpados quirúrgicamente.