Los diversos trastornos sexuales

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En los últimos 2 años, las  consultas sobre diversos trastornos sexuales aumentaron un 30%, y aunque casi el 80% de quienes se acercan a un especialista son hombres, cada vez hay más mujeres que buscan su plenitud sexual y resuelven sus dudas. Entre las causas de consulta más frecuentes acerca de las disfunciones de este origen se encuentran las siguientes:
1- Disfunción Erectil:
Popularmente llamada “impotencia”, se trata de la incapacidad para lograr o mantener la erección. Afecta al 20% de los hombres con una edad promedio de 55 años. La diabetes, la hipertensión, arterial, el coles-terol elevado, el sobrepeso y el alcoholismo pueden ser factores asociados a este tipo de trastorno. El tratamiento puede requerir medicación oral y suele ser combinado con terapia sexual de pareja.
2- Eyaculación Precoz:
Se trata de la imposibilidad voluntaria para decidir el momento de la eyaculación, lo que puede provocar un malestar personal y generar dificultades en la relación afectiva. Se presenta en el 20% de la población masculina y la edad de consulta oscila entre los 18 y 40 años. El tratamiento incluye farmacoterapia con antidepresivos debido a su efectividad para retardar la eyaculación sin afectar la sensación de placer durante la relación sexual.
3- La Falla de Deseo:
En los hombres: Especialmente asociada al estrés, la depresión, los trastornos de ansiedad y la caída hormonal durante la andropausia.
En las mujeres: Puede deberse a conflictos de relación, una imagen corporal pobre, autoestima baja, falta de intimidad y de confianza en la pareja. También puede influir la disminución de hormonas, el hipotiroidismo, la diabetes, la insuficiencia hepática o renal y el estrés. Afecta al 30% de las mujeres.
En ambos casos, los especialistas recomiendan conversar con la pareja y encontrar un momento que permita una buena intimidad emocional, psicológica y sexual. El tratamiento puede combinarse con medicamentos.

Conflictos de pareja

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El desconocido: un facilitador
El papel del terapeuta, es el de favorecer que la pareja adquiera las habilidades necesarias para funcionar con independencia del contexto terapéutico. No es un arbitro que da la razón a uno o a otro, sino una especie de entrenador o de maestro, un facilitador, que enseña técnicas para que los integrantes de la pareja puedan aprender a conocerse, a escucharse y a ponerse de acuerdo.
Esta es la forma que las terapias del comportamiento proponen para la solución de los conflictos de pareja.
¿Qué es lo que hay que aprender?
• A establecer un tiempo y un espacio exclusivo de la pareja para hablar. Simplemente para que, sin interferencias ni interrupciones de terceros (hijos, amigos, familiares), la pareja trate asuntos propios.
• A no dar nada por sentado. Descartar frases del tipo de “Yo pensé que..”, “Deberías haber sabido que “Ya lo conozco. “No te lo dije o propuse porque sé que a vos no te gusta”.
• A pedir lo que uno necesita y, también, estar dispuesto a escuchar un no.
• A discutir: deben tratarse asuntos puntuales y no grandes generalidades.
• A decirle al otro lo que a uno le gusta de él, reforzar las actitu-des favorables, reconocer las valías del otro.
• A decir al compañero lo que a uno no le gusta.
La pregunta del millón es: si aprendemos todo esto, ¿entonces no nos vamos a separar jamás? Tal vez sea así, tal vez no. Muchas personas acuden a la terapia de pareja no para proseguir un vínculo, sino porque quieren separarse en buenos términos y lograr que la disolución del vínculo de pareja no afecte desfavorablemente a sus hijos.
En verdad, nadie puede responder si una terapia sirve para que una relación pueda salvarse. La preservación del amor y de la atracción de dos personas que en un determinado momento decidieron unir sus’vidas, les compete únicamente a ellos. Ninguna terapia puede suplantar a los verdaderos sentimientos. En todo caso, si éstos existen, un espacio apropiado para el diálogo puede enseñar a los miembros de una pareja a que logren “llevarse bien”, esa especie de mito atribuido únicamente a la fuerza del amor, y que hoy sabemos es algo mucho más complejo. Requiere esfuerzo, habilidad y sí, por supuesto, también amor.
Las parejas que se casan muy jóvenes suelen pelearse porque sus metas de crecimiento son totalmente diferentes.

Roles de parejas

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Los roles.
Lo femenino y lo masculino son estereotipos de género que asignan roles, como el hecho de que la mujer debe ocuparse de lo doméstico y el hombre de lo externo. Si la pareja no se adapta a éste ya casi obsoleto mandato social, aparecen dudas y también discusiones. Pregúntense: ¿a quién le molesta el cambio de roles tradicionales que pueda haber en su pareja? ¿A ustedes o a sus padres, o al resto de la sociedad? ¿Le gustaría que su pareja fuera más flexible o se siente cómodo dentro del modelo tradicional? ¿Quién toma las decisiones en la educación de los hijos? ¿Considera a su cónyuge un buen padre o una buena madre? ¿Comparten equitativamente esta responsabilidad?

Problemas de pareja soluciones

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LA TÉCNICA DEL RELOJ DE ARENA.
Recuerde que delante del terapeuta , la solución de los conflictos se ve facilitada por su “arbitraje”, pero la cuestión es aprender a resolverlos sin ayuda externa.
¿Cómo hacerlo cuando no hay un mediador delante? Una de las técnicas más fáciles es la del reloj de arena. Cada uno puede hablar durante el tiempo que cae la arena (puede ser simbólica: el tiempo tiene que ser igual para los dos, por ejemplo cinco minutos) sin ser interrumpido por el otro. El que está callado puede tomar nota de lo que va a decir cuando le toque su turno, pero debe respetar la regla de oro: no interrumpir. Esta es una excelente manera de aprender a escucharse sin interrumpirse y llegar a lograr acuerdos mutuos. Practíquenlo a propósito de asuntos simples, en forma habitual -cotidiana o al menos una vez por semana- a fin de estar preparados cuando realmente la situación sea “candente”.