Artículos de belleza

Cualquiera de esas soluciones serviría y de ambas hay muestras por esos mundos de Dios. En todo caso, la vocación de la esteticista debe entenderse como algo más que aquel extremo dicho. Y si es así, su capacidad para comprender y su interés en penetrar en el conocimiento de la persona le dan, con la práctica de la profesión, una base de psicología empírica que, en muchos casos, nos ha asombrado por lo eficiente.
La persona que acude a un instituto de belleza va impulsada por el ánimo de corregir una imperfección estética o aumentar un atractivo insuficiente. Sin embargo, muchas veces comprobamos que esas impresiones son puramente subjetivas y que no las puede compartir nuestro punto de vista profesional. Algo o alguien llevó a la persona en cuestión a aquellas equivocadas conclusiones. Obviamente el tratamiento debe comenzar allí.
Es un hecho comprobado el que los tratamientos escrupulosamente aplicados no dan a veces los resultados previstos. Por supuesto que ello viene determinado por muchos factores, pero el interés, la esperanza, y en suma el equilibrio psíquico de la paciente es uno de los más importantes.
Hemos dicho de la paciente y hemos dicho poco. Porque, no ya el equilibrio, que se da por supuesto, sino el estado anímico de la esteticista es también fundamental. ¿Quién no ha constatado, por ejemplo, que un masaje tónico y relajante suele producir el efecto contrario si la masajista está tensa o bajo un deficiente control de sí misma?