
Cuando las cosas van bien, tomas una comida equilibrada que hace que tus niveles de azúcar en la sangre se eleven de forma saludable. Luego se produce un descenso suave y ondulante de los niveles de azúcar hasta la siguiente comida equilibrada, de manera que los niveles siempre se mantienen bastante estables.
Pero si ingieres demasiado azúcar o alimentos fáciles de me-tabolizar, los niveles de azúcar de la sangre suben muy deprisa. De forma que el organismo, para compensar, hace descender demasiado el azúcar… y de pronto te sientes agotada, de mal humor y hambrienta aunque te hayas zampado una barrita de chocolate hace poco.
Luego, cuando vuelves a comer, se repite el mismo proceso, y terminas en una especie de montaña rusa denominada hipoglu-cemia funcional. El término hipoglucemia sólo significa bajos niveles de azúcar en la sangre. La hipoglucemia funcional se refiere al efecto de subida y bajada. (La hipoglucemia funcional suele ir acompañada de otros problemas, debidos a largos períodos de estrés o de ansiedad. Entre ellos se encuentran el síndrome de fatiga crónica y el síndrome de fatiga posviral.)
Los síntomas que pueden deberse a la hipoglucemia son muy variados. La hipoglucemia verdadera debe empezar a reaccionar a la dieta que se prescribe al cabo de una semana; si no es así, hay que buscar otras razones de los síntomas. Por ejemplo, si discutes una vez con tu novio, ¿significa eso que necesitas un novio nuevo?
Síntomas
• Cansancio, pereza mental o temblores que desaparecen cuando comes algo.
• Cansancio o irritabilidad nada más levantarte por la mañana si las comidas se toman tarde.
• Ansiedad por los dulces.
• Tener hambre todo el tiempo o poco después de haber comido.
• Dolor de cabeza cuando se retrasan las comidas.
• Sensaciones inapropiadas de ansiedad o incapacidad que desaparecen después de comer.
• Despertarse en mitad de la noche sintiendo verdadera hambre.
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Existen algunas ideas anticuadas respecto de que las chicas jóvenes no deben hacer deporte, bañarse ni lavarse la cabeza cuando tienen la regla.
Este consejo tiene su origen en la Edad Media, cuando la gente sabía tan poco sobre las mujeres que solía quemarlas por brujas y creía que los períodos se debían a una enfermedad o una herida.
Ya es hora de que mandemos a paseo los consejos de unos cuantos monjes sarnosos y decidamos nosotras mismas qué hacer durante nuestra menstruación.
Sin embargo, hay dos precauciones a tener en cuenta. (Tres, si contamos la de «no fiarse nunca de un hombre que lleve un bigote postizo».)
En primer lugar, coger frío puede agravar el dolor menstrual porque ralentiza la circulación, por lo tanto las nadadoras (¡o las que se lavan la cabeza!) tal vez deban tener cuidado con la temperatura del agua y de los vestuarios.
En segundo lugar, algunas mujeres sufren muchos más dolores si durante la regla practican un ejercicio vigoroso que si lo hacen con moderación.

• Establecer un ciclo regular. Por lo general, el período se asienta y se hace más regular y predecible… predecible para ti, claro. A esta edad existe una amplísima variación en la regularidad, la intensidad y la frecuencia de los períodos. Es posible que tengas períodos ligeros que duren unos pocos días y puedas quejarte igual que esas chicas tontitas de los anuncios de tampones que no saben decidirse entre darse un baño o escalar el Everest, o puede que tengas un período verdaderamente abundante que dure más de una semana y te quedes tendida en el sofá como si fueras la víctima de un vampiro porque te encuentras anémica. (En un caso así, ve directamente a la parte del libro que trata de los períodos abundantes para averiguar qué puedes hacer al respecto.)
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Aún más confusión surge cuando la gente equipara los efectos de las cremas que contienen batata silvestre con los de la progesterona fabricada por el organismo. En el caso de la batata silvestre, algunos suponen que la saponina esteroide que se encuentra en la batata, la dioscina, será transformada por el cuerpo en progesterona, pero no es así.
Cuando el organismo produce progesterona, comienza con el colesterol. En el momento en que nuestro cuerpo se encuentra fabricando hormonas en lo más profundo de las células, le importa un comino lo que nosotras nos apliquemos sobre la piel. De hecho, como la auténtica materia prima de la progesterona es el colesterol, tiene el mismo sentido (es decir, ninguno) frotarse con mantequilla en vez de hacerlo con batata silvestre.
La dioscina, procedente de las batatas y de otras plantas, se emplea desde hace muchos años como materia prima para la producción comercial de una serie de fármacos esteroides, entre ellos la cortisona y la progesterona. Pero para que la dioscina se convierta en progesterona, se lleva a cabo una serie de etapas químicas cuidadosamente controladas en laboratorio o una fábrica, y ese mismo proceso no puede tener lugar dentro de organismo cuando las sustancias que contienen dioscina, como la batata silvestre, se aplican sobre la piel o se tragan.
Un estudio realizado sobre las cremas con batata silvestre demostró que no producían ningún aumento súbito de los niveles de progesterona. Acerca de esta clase de cremas se están haciendo actualmente afirmaciones de todo tipo, pero hasta ahora no se ha llevado a cabo ningún estudio independiente ni interesado que apoye ninguna de ellas. La conclusión final es que existe una única «progesterona natural»: la que se fabrica en el interior de nuestro cuerpo.