Dolor menstrual

Hay legiones de mujeres de aspecto demacrado que van por ahí con una bolsa de agua caliente pegada a la tripa, se arrastran en bata por la casa y se cercioran de que nunca se les acaben los analgésicos; son las que sufren «calambres» o dolor menstrual. «Es que estoy en esos días del mes», van murmurando, y todo el mundo asiente con compasión a su paso, sin sugerirles siquiera que una bata de andar por casa sucia y vieja no es el mejor atuendo para las cuatro de la tarde. ¿Es esto algo que tenemos que soportar obligatoriamente? (El dolor, no la bata.)
Pues no. Aquí, la conclusión es que el dolor es, en fin, una lata. El dolor hace que las personas se sientan cansadas y de mal humor, y que sean, por encima de todo, propensas a acudir a su médico; tal vez se deba a una enfermedad, quizás a un desorden, o puede que a un ligero desequilibrio hormonal que es fácil de solucionar.

Acné en las mujeres

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Acné
Alrededor de la mitad de las chicas de edades comprendidas entre los 14 y los 17 años (y más o menos las tres cuartas partes de los chicos) tienen granos. Por lo general, al llegar a los 20 el problema ya se ha disipado y sólo aparece alguno que otro de vez en cuando.
El acné no es consecuencia de una piel «sucia», de la mala higiene, de los bombones, de la inminencia de una cita importante ni del pelo grasiento sobre la cara. Existen causas reales del acné, todas ellas relacionadas con el aumento de los andrógenos (hormonas masculinas) alrededor de la pubertad. Hay personas que tienen desequilibrios hormonales pero no les salen granos (lo cual resulta sumamente ofensivo para el resto). Y hay personas cuya piel simplemente parece más propensa a reaccionar mal a los andrógenos.
Otra razón de que los andrógenos puedan causar granos es que el incremento de los niveles de esa hormona en la piel puede producir un engrosamiento alrededor del poro y un aumento del sebo (grasa). Las bacterias que crecen en la superficie de la piel pueden infectar los poros y provocar una inflamación. Esto parece ser genético, de modo que cuando tengas dudas, echa la culpa a tus padres; a estas alturas ya deben de estar acostumbrados.

La esperanza de vida de una progesterona

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La progesterona es fabricada por el corpus luteum, el saco residual del óvulo, de los ovarios. Las glándulas adrenales también producen pequeñas cantidades de ella. El organismo transforma el colesterol en pregnenolona y después en progesterona. A partir de ahí, la progesterona podría convertirse en cualquiera de las otras hormonas esteroides, esto es, el estradiol, la estrona, la tes-tosterona o la cortisona.
La progesterona circula por la sangre e interactúa con los receptores de las células, pero con el tiempo termina pasando por el hígado, donde es «desactivada» y expulsada a la bilis y la orina.

Conociendo tus hormonas

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A lo largo de todo el mes, un completo conjunto de hormonas se reúnen y llevan a cabo un agitado baile hormonal para que funcione el ciclo menstrual. Está bien, olvidemos la metáfora del bailoteo. Esto ya es bastante complicado, así que seamos más científicas. Las participantes principales de entre las hormonas son todas las llamadas hormonas esteroides ; las fabrica el organismo, empleando como ladrillo químico el colesterol. Son los andrógenos, los estrógenos y las progesteronas.
Algunas hormonas empiezan siendo de un tipo para después transformarse en una serie de hormonas distintas, con el fin de poder llevar a cabo las tareas necesarias para impulsar el desarrollo completo del ciclo menstrual.
Por ejemplo, una hormona empieza siendo una sustancia llamada pregnenolona, luego el organismo la transforma en proges-terona, después pasa a ser testosterona, y por último termina siendo uno de los estrógenos, denominado estradiol. En cada etapa, esta hormona tiene una función especial que desempeñar. Al final del camino cada hormona adquiere una forma diferente, o se convierte en otro tipo de hormona, o se desintegra para ser expulsada del cuerpo.
Antes de llegar al final de su vida, cada hormona tendrá un intrincado papel que desempeñar en el «círculo de realimentación» que dirige el ciclo menstrual un mes tras otro. Pero los actores verdaderamente importantes son el estrógeno y la progesterona.
Para que todo vaya como la seda, las hormonas deben conservar un cierto equilibrio entre ellas, y, al igual que los actores, todas deben entrar y salir de escena en el momento apropiado. (Genial, ahora tenemos una metáfora teatral.) Vamos a echar un vistazo rápido a la participación de cada hormona. No vas a creerte todo lo que hace tu cuerpo cuando no estás mirando.