
Muchas personas, algunas de ellas médicos y terapeutas naturistas, creen que es normal sufrir un poco de dolor menstrual. Las pacientes se acostumbran a oír cosas como: «Sonríe y aguanta», o esa manida broma de: «Ya mejorará cuando tengas un hijo», e incluso «Eso forma parte de ser mujer». Bobadas. No es algo que una tenga que soportar ni considerar parte de su vida como mujer. (¿O acaso crees que por ser mujer vas a tener dolor menstrual y un instinto natural para elegir el sombrero apropiado para cada ocasión? Desde luego, no parece muy científico.)

A no ser que exista un problema grave de salud mental, los médicos son reacios a recetar fármacos, y probablemente sugerirán algunos métodos más suaves. Los fármacos para la depresión y otros problemas mentales debe recetarlos sólo un psiquiatra especializado en adolescentes.

LAS PRÁCTICAS NATURALES
Veamos, en primer término, la incidencia que pueden tener en nuestra estética corporal los modificantes naturales, susceptibles de ser convertidos por nosotras en prácticas habituales. Decir susceptibles no significa posibles. Constituyen en realidad una aspiración, aunque por lo de “naturales” se suponga que deberían estar al alcance de cualquiera. Pero, que nosotros sepamos, sólo estuvieron y están en mano de muy pocas. Y, ¡paradojas de este mundo!, esas pocas son quienes menos las utilizan a efectos de conseguir lo que en sentido más amplio entendemos por belleza.
Pero, repetimos, una actitud firme y un deseo consecuente pueden conseguir el ejercicio de alguna de estas prácticas que consideramos básicas.
En efecto, la gimnasia, el deporte y el contacto con la naturaleza pueden darnos la atmósfera adecuada para llevar una vida sana.
El “tipo femenino” ideal no se reduce a conseguir unas determinadas proporciones. La maja desnuda de Goya. probablemente pintada a fina/es del s. XVIII, nos ofrece un ejemplo de armonía entre cuerpo, actitud y expresión, factores tan importantes en la belleza como la misma perfección de las proporciones.
La silueta ideal es consecuencia del gusto social, tan sujeto a fluctuaciones y cambios según las épocas y lugares. En este sentido no cabe duda de que la silueta ideal es un producto de la moda. En esta Venus del pintor italiano Lorenzo di Credi podemos observar el ideal de belleza de la sociedad renacentista del s. xvi, tan discrepante, en algunos aspectos, de los actuales gustos estéticos.