
Fase uno: entre los 9 y los 11 años
Los cambios físicos suelen comenzar alrededor de los 9 o los 11 años (pero si no aparecen hasta los 14 o los 15, sigue siendo perfectamente normal, de modo que no cunda el pánico, por favor). Dichos cambios suelen ser los siguientes:
• Un súbito aumento de la estatura y del peso. Puede que lleve un tiempo acostumbrarse a las nuevas medidas, así que no te sorprendas si te notas torpe por encontrarte codos y rodillas donde no deberían estar y si alternas los arrebatos de energía con otros de agotamiento. Estos cambios tan sumamente rápidos pueden resultar incómodos y embarazosos, sobre todo si los familiares o los amigos no dejan de hacer comentarios al respecto. Diles que cierren la boca o no les hagas caso. Esta fase de crecimiento repentino y exagerado puede dar lugar a una etapa pasajera de falta de peso o exceso del mismo (no a causa de desórdenes alimentarios… de los cuales hablaremos más adelante).
• Cambios en la forma del cuerpo. Durante esta temprana fase se agrandan los pezones, pero no aumenta el tamaño de los pechos; la cintura se vuelve más definida y las caderas se redondean, conforme se va acumulando la grasa.
• Es el debut del vello púbico. Aparecen unos cuantos pelillos, a menudo de un color más claro del que tendrán más adelante. Tras los primeros indicios de vello púbico, se tarda normalmente unos dos años en tener el primer período. Por lo general, el vello púbico es más oscuro que el pelo de la cabeza.
• Cambios de humor. Son comunes los cambios súbitos en el estado de ánimo: sentirse histéricamente feliz en un momento dado, y triste o incluso mohína al minuto siguiente (los adultos también experimentan estos sentimientos a veces, pero tienen más práctica en disimularlos y ponerles nombres que suenan más serios, como «estrés del ejecutivo»).

Diagnóstico
La deficiencia de progesterona puede diagnosticarse de diversas maneras:
• Se puede llevar un diario de síntomas del período (puedes fotocopiar el recuadro que hay en el apartado «Un período normal») a lo largo de uno o más meses para establecer el tipo, la severidad y el momento de aparición de los síntomas.
• Los síntomas relacionados con una deficiencia de progesterona o con la falta de disponibilidad de la misma aparecen sólo durante la fase luteínica del ciclo, y son entre otros tensión, irritabilidad, ansiedad u otros cambios de humor.
• La temperatura basal del cuerpo (se toma con el termómetro en la boca) se puede utilizar para determinar la disponibilidad de progesterona en la fase luteínica. La temperatura se toma por la mañana, antes de iniciar cualquier actividad (incluido charlar o revolcarse en la cama; puedes simplemente alcanzar el termómetro con gesto lánguido). Un termómetro normal, de los de toda la vida, es el que ofrece la lectura más fiable. El leve pero detectable aumento de la temperatura durante la fase luteínica, que indica la presencia de progesterona, es fiable tres veces de cada cuatro.
• Se puede medir la duración de la fase luteínica para averiguar si se produce progesterona durante el tiempo suficiente. Se necesita saber la fecha exacta de la ovulación, y si de la ovulación al período pasan menos de once días es probable que existan problemas en la fase luteínica. La ovulación puede detectarse empleando el método de la temperatura basal, un análisis de sangre o de orina a mitad del ciclo para buscar el aumento de hormona luteinizante (LH), o una ecografía para ver el folículo en desarrollo. Este último método es el más fiable para detectar la fecha de la ovulación; el menos efectivo es el de restar catorce días al día Uno del período.
• Los niveles de progesterona en sangre suelen analizarse entre siete y nueve días después de la ovulación. Pero los análisis de sangre para determinar los niveles de progesterona pueden arrojar resultados que fluctúen ampliamente y que oscilen entre normales y muy bajos en un plazo de tiempo corto.
• Si se tienen problemas para concebir y no se sabe por qué, el médico puede sugerir una biopsia del endometrio para evaluar el desarrollo del mismo, normalmente en el curso de una his-teroscopia (se explica en el apartado dedicado a la cirugía del capítulo «El enfoque médico»). Los defectos de la fase luteínica se asocian con una lenta maduración del endometrio, pero algunos médicos no creen que dichos defectos tengan que ver con la infertilidad.