Problemas menstruales más comunes en la adolescencia

Sangrado abundante y Ciclos erráticos
Los períodos muy abundantes (llamados menorragias), todos los meses y por espacio de mucho tiempo, pueden dar lugar a una anemia. Es necesario averiguar qué está ocasionando el problema antes de decidirse por un tratamiento. En la mayoría de los casos, nuestro «historial» (las señales y los síntomas que hemos experimentado hasta la fecha) basta para descubrir la causa, y no llega a precisarse un examen médico.
A menudo los médicos recetan la pildora anticonceptiva a las jovencitas que están preocupadas por tener períodos abundantes, pero no hay por qué aceptarla automáticamente. El sangrado abundante y los ciclos erráticos suelen deberse a fluctuaciones hormonales y a una ovulación errática, algo bastante frecuente en la adolescencia. Las hormonas se vuelven estables al cabo de unos pocos meses. Si tú crees que puedes tener un problema continuado, consulta a un medico.
Rara vez es necesario interferir con la ovulación, ya sea para hacerla más regular mediante la ingesta de hierbas medicinales, o para detenerla del todo con la pildora. Gomo el estrés puede retrasar la ovulación, tal vez quieras tener en cuenta ciertas técnicas de control del estrés .
Los tipos de remedios naturales que se recomiendan para la «menorragia funcional» en el apartado «Sangrado excesivo»  pueden emplearse para controlar los síntomas del sangrado abundante. Los herbolarios no deben recetar la hierba de uso común Vitex agnus castus para el sangrado abundante en adolescentes, salvo en un número muy limitado de casos.

La adolescencia en la mujer

Justo en el momento en que se tiene el primer período, suceden al mismo tiempo otras muchas cosas, entre ellas asombrosos cambios en el cuerpo y locos enamoramientos. Todas las hormonas parecen explosionar a la vez, en un proceso que transforma el cuerpo y también la mente.
Algunas chicas se limitan a encogerse de hombros y lanzarse a una carrera de 47 billones de kilómetros campo a través, pero otras sufren un amplio abanico de síntomas, desde llorar sin motivo hasta todo un recital de acné. Muy a menudo, estos síntomas se deben a las hormonas, que producen diversos estados de ánimo y cambios físicos, no al período en sí.
Con bastante frecuencia se pone como excusa la menstruación. «Estoy deprimida de verdad.» «Probablemente sea por la regla, cariño.» «Me siento cansadísima.» «Son problemas de mujer.» «Las grandes empresas están conspirando con los gobiernos mundiales para oprimir a los pobres y aumentar al máximo sus beneficios.» «Probablemente se deba a que va a venirte el período.»
La mayoría de los cambios sufridos por las adolescentes son normales y simplemente constituyen una etapa. Algunos de los más horribles efectos secundarios que tiene el hecho de crecer pueden superarse con un tratamiento o con cambios en el estilo de vida (sí, puede que tengas que dejar de alimentarte sólo con golosinas y lechuga y aprender a venerar de vez en cuando el Sagrado Santuario del Tofu). Por supuesto, puede que haya otros problemas que requieran la ayuda de un profesional de la salud. Lo que sigue a continuación te ayudará a distinguir entre un humor de perros y una alarma que se ha disparado en el «departamento» de los ovarios.

Terapias naturales para cuidarse a una misma

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•  El ejercicio moderado ayuda a reducir la producción de estrógeno y aumentar su eliminación del organismo.

•   Entre los alimentos que ayudan al hígado a descomponer el estrógeno se encuentran las legumbres, las cebollas y el ajo.

•   Tanto las verduras de hojas verdes y amargas como las hierbas medicinales amargas prescritas por un herbolario contribuyen a la función del hígado, lo cual puede ayudar a eliminar el exceso de estrógeno.

•   Reduce el uso de pesticidas en tu casa y tu jardín, y aboga por ello en tu zona.

•   Compra alimentos frescos sin envasar. (Los alimentos grasos como el queso, envueltos en plástico adhesivo, pueden absorber componentes similares al estrógeno presentes en el envoltorio.)

.   Compra alimentos envasados en vidrio en lugar de plástico o poliestireno.

•  Compra alimentos orgánicos siempre que puedas, sobre todo carnes de cultivo orgánico o de granja.

Tampones

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Los tampones te permiten nadar cuando tienes el período, lo cual es genial para las mujeres a las que la natación les alivia el dolor menstrual. Un tampón no puede perderse en el interior del cuerpo (es imposible que pase por la abertura del cérvix). Puede suceder, en raras ocasiones, que se desprenda el cordón o que el tampón se desplace demasiado para poder alcanzarlo con los dedos. No te preocupes: un médico puede sacarlo con facilidad. (Habrás de conseguir, claro, una cita para ese mismo día.)
Los tampones no pueden hacernos perder la virginidad. El hi-men (la membrana que cubre parcialmente la abertura de la vagina, por lo general hasta que se practica por primera vez el sexo con penetración) ya ha sido perforado para cuando se tiene el primer período, de lo contrario no podría salir la sangre menstrual. El himen es elástico, y se estira para permitir la inserción de un tampón. La virginidad tiene que ver con el sexo, no con los tampones.
El problema más grande que se tiene con los tampones consiste en no introducirlos lo bastante profundo, donde la vagina es menos sensible. Guando el tampón se introduce lo suficiente, una ni siquiera se da cuenta de que lo lleva puesto. Pero si una se distrae constantemente porque nota la presencia del tampón, va a todas partes con una expresión muy ridicula en la cara, así que más vale que le propine otro empujoncito para ponerlo en su sitio.

¿Compresas o tampones?

Eso depende de ti. Tanto las compresas como los tampones llevan miles de años existiendo, con materiales de lana, lino o, en el antiguo Egipto, de papiro enrollado en el caso de los tampones. Cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

Compresas

Las compresas son delgadas, absorbentes y fáciles de usar, porque llevan una tira adhesiva que las sujeta a las braguitas. En los viejos tiempos, había unas compresas enormes que tenían un tamaño diez veces mayor y eran mucho menos absorbentes, y que se colocaban mediante un complicado sistema de cintas, poleas suspensoras e imperdibles, y una tenía la sensación de sentarse encima de un futón doble. Actualmente las compresas vienen en un deslumbrante envoltorio que invita a probarlas todas para ver cuál nos gusta más. Existen varios tamaños y formas para los días más intensos, para la noche, para los días de menor flujo y demás.
No te preocupes demasiado de que la gente pueda verte la compresa a través de la ropa o percibir el olor de la sangre menstrual. (La sangre menstrual cambia de olor cuando entra en contacto con el aire.) Tú eres quien más pendiente está de esas cosas. El olor puede evitarse cambiando la compresa con frecuencia. Y las compresas más delgadas no se notan a través de la ropa, a no ser que lleves puesto un tanga debajo de la falda y que algún pirado se tumbe en el suelo de la parada de autobús provisto de unos prismáticos.

El dolor menstrual

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A no ser que una se dedique a nadar grandes distancias, toda mención misteriosa de «los calambres» en principio estará relacionada con el dolor menstrual. Somos tantas las mujeres que su frimos dolor menstrual que podría considerarse algo habitual, pero eso no lo convierte en normal. La reacción dolorosa es un mecanismo de supervivencia que indica que algo no va bien. He aquí una regla básica para analizar el dolor menstrual: ¿Es lo bastante fuerte para que te entren ganas de hacer algo al respecto? Por lo general, el dolor menstrual sólo aparece en un ciclo en el que ha habido ovulación, y sólo suele empezar en serio unos dos años después del primer período, cuando la ovulación ya se ha regularizado. Por ese motivo puede haber algún período que otro que nos sorprenda por la falta de dolor; quizá sea porque en ese ciclo no hemos ovulado.
Los síntomas de incomodidad en la pelvis, pesadez o ligero dolor durante el período a menudo desaparecen si comes bien, haces ejercicio de manera regular y reduces el estrés. Los dolores más intensos y con calambres también pueden aliviarse llevando una dieta específica e introduciendo cambios en el estilo de vida, y aunque parece más serio, este tipo de trastorno no implica necesariamente una enfermedad ginecológica. El dolor menstrual suele relacionarse con calambres anormales del músculo del útero debidos a desequilibrios en las prostaglandinas.
Acude a un médico para que investigue todo dolor fuerte antes de un período, un dolor que sólo afecte a un lado del cuerpo o un dolor pélvico que no parezca guardar relación con la menstruación. Pero todo dolor que te preocupe o interfiera en tu vida ha de ser investigado y tratado. En el capítulo titulado «Guando las cosas van mal» existe un apartado entero sobre el dolor menstrual.

La duración del período

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Entre 3 y 5 días sangrando es la duración aceptada de un período normal. Los períodos que duran menos pueden estar asociados a diversos problemas, como, por ejemplo, un desorden de tiroides, anemia y bajo peso corporal.
Los períodos más largos pueden ser una indicación de desequilibrio hormonal, en particular de que no se está ovulando, un proceso que depende de las interacciones normales de las hormonas. Los períodos muy largos pueden deberse también a desórdenes y a algunos problemas ginecológicos graves.
Para la duración de un período no cuentan los días anteriores o posteriores en los que se mancha un poco. Manchar cerca de la fecha del período puede ser una indicación de problemas serios y tal vez haya que investigarlo; y si se mancha entre un período y otro hay que comunicárselo lo antes posible al médico.

La Fase Folícular

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Todas las hormonas tienen tareas especiales que llevar a cabo en esa secuencia. Por ejemplo, la FSH hace que el óvulo comience a crecer en el interior del ovario; en esa etapa el óvulo se denomina folículo. Pueden empezar a desarrollarse entre diez y veinte folículos, pero sólo uno de ellos será el dominante y madurará totalmente para convertirse en un ovum, u óvulo. Los demás terminan desapareciendo, y para cuando llega el momento de la ovulación el único que queda es el folículo maduro, listo para salir. Mientras están desarrollándose los folículos, producen cada vez más estrógeno, el cual estimula el endometrio, las células que revisten el útero, para que crezca como loco, lo cual se conoce como proliferación. (Fase proliferativa y fase folicular son términos intercambiables.) Guando el óvulo está madurando, lo mismo le ocurre al revestimiento del útero. La duración de esta fase es variable, pero comienza nada más terminar un período. El ciclo se cuenta a partir del primer día de un período; la fase proliferativa se inicia entre el día Tres y el día Seis del ciclo, y se interrumpe con la ovulación, alrededor del día Catorce.
¡No te duermas! ¡Ya estamos acercándonos a la ovulación! Una de las principales tareas del estrógeno consiste en hacer que proli-feren las células, y en este sentido se pisa el acelerador en el caso de las células endometriales que recubren el útero. Después de cada menstruación, la capa «suelo» del endometrio vuelve a «alfombrarse» con las células endometriales que crecen a toda prisa. Dos días después del período, o aproximadamente el día Ocho del ciclo, ya han terminado el trabajo. El endometrio va engrosándose, desde medir más o menos un milímetro al final del período hasta medir unos 6 milímetros en el momento de la ovulación.
Durante esta fase del ciclo también cambian las secreciones vaginales. Los altos niveles de estrógeno justo antes de la ovulación convierten el moco que rodea el cérvix en secreciones semejantes a la «clara de huevo», conocidas como «moco fértil». (El moco tiene un aspecto transparente como la clara de huevo cruda, no del color blanco de los huevos cocidos.)
Los niveles de estrógeno continúan elevándose conforme se desarrolla el óvulo. Al final, el aumento de los niveles desencadena un gran esfuerzo del círculo de realimentación con el fin de bombear los niveles hormonales correctos que den lugar a la liberación del óvulo. Es la ovulación.

Las hormonas

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Constantemente, dentro de la fábrica que es nuestro cuerpo, estamos produciendo las hormonas sexuales que, en cantidad diversa, establecen un ciclo menstrual regular. ¡El ardiente animal sexual que somos!
Son muchas cosas las que suceden en los diversos departamentos en funcionamiento de nuestra fábrica. Los más importantes son las glándulas endocrinas, situadas en el hipotálamo y la pituitaria, dentro del cerebro, y las de los ovarios. Éstas son responsables de la producción de hormonas y de la regulación de Jos ciclos. (En ocasiones, esta producción de hormonas interdepartamental se denomina «unidad hipotalámica-pituitaria-ová-rica» o bien «eje hormonal», o bien «esa cosa que tiene un nombre tan largo».)
Las glándulas endocrinas trabajan juntas enviando mensajes por medio de hormonas y estableciendo un «círculo de realimentación», lo cual significa que cuando desciende el nivel de una hormona se dispara la producción de otra, y cuando se dispara esa otra hace que descienda una distinta, de modo que el ciclo continúa un mes tras otro.
El círculo de realimentación funciona más o menos del siguiente modo: durante el ciclo, el hipotálamo produce hormona liberadora de gonadotropina (GnRII), la cual recuerda a la pituitaria que debe fabricar hormona luteinizante (LH) y hormona fo-liculoestimulante (FSH), la cual indica a los ovarios que liberen estrógeno y progesterona, que son hormonas reconocidas por el hipotálamo, el cual a su vez produce GnRH de nuevo… y todo se repite igual, con la misma secuencia, una y otra vez, como una pescadilla que se muerde la cola.

Los ovarios

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Hay dos ovarios, uno a cada lado del útero. Tienen una forma ovalada y el tamaño aproximado de un huevo de gallina pequeño y ligeramente achatado, o de una almendra grande, si se prefiere la versión vegetal. Los ovarios pueden agrandarse en caso de en-dometriosis, síndrome de ovario poliquístico (SOP), cáncer de ovario o quistes ováricos.
El ovario no está unido al extremo de la trompa de Falopio, sino que se mantiene en su sitio mediante el ligamento ovárico. Se trata de un cordón fibromuscular que sujeta el ovario al útero justo por debajo de la entrada de la trompa de Falopio. Cada ovario tiene otra gruesa «maroma», denominada ligamento suspensor, que lo sujeta a la pared lateral de la pelvis y contiene los vasos sanguíneos, los vasos linfáticos y los nervios ováricos.