Las trompas de Falopio

Los daños ocasionados a las fimbrias o las adherencias causadas por infecciones, operaciones quirúrgicas o una endometriosis pueden afectar gravemente el funcionamiento normal de esos corpúsculos y ser causa de infertilidad. Pero el organismo es muy listo; se ha demostrado que la actividad de las fimbrias es tan intensa que son capaces de crear una ondulación que alcance al otro lado y recoger un óvulo del ovario derecho y transportarlo hasta la trompa izquierda, o viceversa, si una de las trompas está bloqueada. Eso sí que es moverse.
Por suerte, es más probable que las infecciones y las adherencias afecten al extremo ancho de la trompa, pero, por desgracia, cualquier cambio en el minúsculo diámetro interior de ésta puede incidir en la fertilidad o aumentar las posibilidades de un embarazo ectópico, en el cual un óvulo fertilizado se queda atascado en la trompa y empieza a crecer un embrión en el lugar donde no debe. (Otra cosa de mujeres que lleva el nombre de un hombre: las trompas de Falopio se llaman así gracias a un italiano del siglo xvi que se llamaba Gabriello Fallopio.)