LA BELLEZA CORPORAL
Añadiremos como final que estudiarse con la cinta métrica y la balanza es bueno, así como el esforzarse por mejorar las proporciones, ya que sin un poquito de sacrificio nada se logra. Pero el desesperarse porque no se lleguen a alcanzar las metas soñadas es insensato. Con esta actitud perderíamos un equilibrio psíquico que, repetimos, es capaz de armonizar la imperfección. Y además, desalentadas, imposibilitaríamos la verdadera eficacia de las prácticas de belleza y tratamientos.
A partir de lo dicho, consideraremos la belleza corporal como una aspiración que hemos de tratar de alcanzar mediante prácticas sanas introducidas en nuestros hábitos cotidianos, el refuerzo que proporcionan los tratamientos en el instituto de belleza, y el auxilio de algunos productos de cosmética.
El “tipo femenino” que la sociedad exige ni se produce ni se conserva naturalmente, pero, a poco que sepamos y nos cuidemos, podemos lograr permanecer muy cerca del ideal. ¿En qué consiste ese ideal? Por supuesto no se reduce a llegar a unas medidas o conseguir unas proporciones, aunque, como hemos dicho, esto importe y mucho. Pero el objetivo final no está en lograr un “tipo estándar”, como si se tratase de fabricar esos maniquíes de escayola que pueblan los escaparates.
Partimos de que lo fundamental es formarnos una idea de lo que es armónico y estético, de acuerdo con las costumbres de la época. Y para esto hay que tener en cuenta también otros factores. Diremos más: una mujer con un cuerpo de proporciones perfectas puede no resultar atractiva si entre ese cuerpo y el espíritu que lo anima no existe una auténtica armonía. Por el contrario, notorias imperfecciones físicas, no sólo se disculpan a veces, sino que incluso “caen bien” a quien las padece.
La aspiración, el deseo de ser bella, está motivado por consideraciones sociales e impulsado por una actitud mental sana y confiada. Aquí hablaríamos mejor de “estar” bella y no de serlo. Pero lo anterior sirve también para aquellas felices que lo son suficientemente: no conservar y perder esa belleza por descuido sería peor que no haberla tenido nunca.

