Deporte para la belleza corporal

Deporte
Tiene de bueno el deporte el que, al practicarse en sociedad, requiere menos fuerza de voluntad, resulta más grato e incluso sirve como diversión y estabilizador psíquico. Si el deporte que se practica está bien elegido, esto es, de acuerdo con lo que el cuerpo de cada una necesita, y si la intensidad o frecuencia de la práctica es la adecuada, puede influir muy beneficiosamente en la morfología estética del cuerpo. Desde luego, por muy bien escogido que esté, nunca tendrá la especificidad de un plan de gimnasia. Pero puede resultar más indicado que ésta para ciertos temperamentos.
Ahora bien, aparte de eso, y desde el exclusivo punto de vista de la estética que necesitamos, confesamos nuestras reservas frente al deporte.
¿Quién no contempló alguna vez esos soberbios tipos de luchador de grecorromana que exhiben las campeonas de esto o aquello? Cierto que no todos los deportes son iguales. Tomemos como mejor ejemplo a nuestra querida gimnasia, en la modalidad “deportiva”. De lejos, con poca ropa, la gimnasta puede parecer perfecta. De cerca y vestida, la dureza de la musculatura y lo macizo de la figura nos decepcionarían. Ni siquiera el ballet —que por supuesto no es un deporte— es consecuente con su mítica fama de producir hermosas siluetas. Las siluetas pueden serlo, pero sus poseedoras no. El desarrollo de la musculatura y los relieves tendinosos, que la falta de tejido conjuntivo resalta aún más, están muy lejos de esa suavidad y turgencia de formas que los cánones reclaman.
Estos son casos que denuncian una entrega total al deporte. Para que resulte beneficioso a la estética corporal habrá que considerarlo preferentemente como práctica de ejercicio. Ello exigirá a la deportista una renuncia a la idea de competición y una dedicación más limitada, y a la no deportista el esfuerzo de sustituir el simple paseo por algo de mayor trabajo y constancia. En cuanto a la elección del deporte en sí, salvo casos muy especiales, encontramos como más recomendables los llamados deportes completos y que no sean muy violentos: natación, tenis, esquí…

Prostaglandinas en la mujer

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Para que todo funcione como es debido tanto en la ovulación como en la menstruación y en el parto las hormonas han de comportarse como Dios manda. Lo que no todos saben es que ello depende, además, de que también se porten como es debido unas sustancias complejas y parecidas a las hormonas, denominadas prostaglandinas.
Las postaglandinas son fabricadas por el organismo para controlar un sinfín de funciones distintas, por ejemplo las hemorragias, la coagulación, la acción antinflamatoria y los espasmos musculares. Ello las convierte en partes importantes del ciclo menstrual, con toda la experiencia que tienen en iniciar y frenar las hemorragias y en controlar los calambres.
Algunas prostaglandinas podrían volverse demasiado dominantes en casos de infección, inflamación, alergias, variaciones hormonales o alimentación inadecuada. Estos desequilibrios pueden ser pasajeros o continuar de modo indefinido, y se cree que son causa de dolor menstrual, períodos abundantes, SPM y endometriosis. (Todos estos problemas cuentan con un apartado propio en este libro.)
Tal vez sirva de ayuda imaginar las prostaglandinas como una gran familia de sustancias similares a las hormonas que desempeñan numerosas funciones en todo el organismo.
La familia de las prostaglandinas es, en realidad, un subgrupo de una familia más amplia de sustancias microscópicas que se encuentran en muchos tejidos, llamadas icosanoides. En la amplia familia de los icosanoides existen dos clanes: la famosa gran familia denominada de las prostaglandinas y una rama más pequeña de componentes llamados leucotrinas.

La vagina

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La vagina está rodeada por la vulva. Se encuentra situada entre el recto (la abertura procedente del intestino) y la uretra (la procedente de la vejiga). Es el paso de la sangre menstrual desde el útero hacia el exterior. El tejido de la vagina, aunque es fundamentalmente muscular, también puede estirarse hasta alcanzar muchas veces su tamaño normal durante el parto y después volver a la normalidad.
La parte superior de la vagina rodea el cérvix, y los recovecos que se forman entre la pared de la vagina y el cérvix se denominan fornices.